La libido no es un interruptor que se enciende o se apaga. Lejos de ser un impulso constante, el deseo sexual depende de una combinación de factores biológicos, emocionales y sociales que cambian a lo largo de la vida.
Comprender esta realidad, coinciden los especialistas, es clave para dejar de interpretar las variaciones del deseo como un problema y entender que forman parte del funcionamiento natural del organismo.
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La libido es el resultado de la interacción entre el cerebro, el sistema nervioso y diversas hormonas, como la testosterona —presente tanto en hombres como en mujeres, aunque en distintas proporciones— y los estrógenos, que también influyen en el deseo sexual y en la lubricación durante la etapa fértil.
Por ello, puede verse afectada por factores como el estrés, el cansancio, la edad, determinados medicamentos o los cambios hormonales propios de distintas etapas de la vida, como la menopausia.
La sexóloga española Laura Cámara, enfermera especializada en salud sexual y autora de un libro sobre el deseo femenino, explica que es un error esperar mantener el mismo nivel de libido durante toda la vida.
«Es absurdo pensar que tenemos el mismo deseo a los 20 años que a los 40 o a los 50», señaló la especialista, quien advirtió que compararse con etapas anteriores suele generar más angustia que la disminución del deseo en sí.
Por qué disminuye la libido y cuándo no debería ser motivo de preocupación
Una investigación de la Universidad Estatal de Ohio, en Estados Unidos, concluyó que la frecuencia con la que las personas piensan en el sexo varía ampliamente entre individuos, independientemente del género.
La psicóloga Terri Fisher, autora principal del estudio, afirmó que no existen evidencias que respalden la creencia de que los hombres piensan mucho más en el sexo que las mujeres.
Los investigadores determinaron que la comodidad de cada persona con su propia sexualidad influye más en la intensidad del deseo que el hecho de ser hombre o mujer. En otras palabras, no existe un nivel «normal» de libido: cada persona experimenta el deseo de manera diferente.
Además, los especialistas señalan que, especialmente en las mujeres, el deseo rara vez aparece de forma espontánea. Generalmente requiere un período de transición entre las actividades cotidianas y la intimidad.
Los expertos en educación sexual explican que dedicar algunos minutos a desconectarse de las pantallas, reducir el estrés y dejar de lado las preocupaciones diarias ayuda a que el sistema nervioso entre en un estado más propicio para el deseo sexual.
Estrategias para favorecer el deseo sexual
Los especialistas en salud sexual recomiendan algunas prácticas sencillas que pueden contribuir a estimular la libido:
- Dedicar un momento para reconectar con el propio cuerpo, sin la presión de que necesariamente conduzca a una relación sexual.
- Tomar una ducha o un baño relajante para disminuir el estrés acumulado durante el día.
- Realizar actividad física moderada, como caminar o estirarse, para fortalecer la conexión entre el cuerpo y la mente.
- Hablar abiertamente con la pareja sobre gustos, necesidades y expectativas en la intimidad.
Si la disminución del deseo sexual persiste durante un período prolongado y provoca malestar, los especialistas aconsejan consultar con un médico o un profesional en salud sexual para descartar causas tratables, como alteraciones hormonales, estrés crónico o efectos secundarios de algunos medicamentos.
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Los expertos recuerdan que la libido no funciona como un interruptor que se activa de manera automática, sino que evoluciona junto con la persona. Aceptar esos cambios y comprender que el deseo puede transformarse con el paso del tiempo suele ser una herramienta más útil que intentar recuperar el nivel de deseo de etapas anteriores.
Con Información de TN.-




