Es sabido que el gasto en combustible representa uno de los mayores costos en el mantenimiento de un vehículo. Y en contextos donde los aumentos en los precios se vuelven habituales, tomar medidas para reducir ese consumo puede marcar una gran diferencia en la economía del hogar.
No es casualidad que la principal petrolera del país haya informado una caída sostenida en el consumo de nafta desde el año pasado. Ante este escenario, las empresas del sector están adoptando nuevas estrategias para mantener su rentabilidad, como la oferta de precios diferenciales durante la madrugada.
En este contexto, adoptar una conducción eficiente puede traducirse en un ahorro del 5% al 15% por tanque lleno. A continuación, algunos consejos simples y efectivos para lograrlo:
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¿Súper o premium?
Uno de los debates clásicos sobre el ahorro de combustible es si conviene cargar nafta súper o premium. Si bien siempre hay que seguir las recomendaciones del fabricante, lo cierto es que la mayoría de los vehículos nafteros que circulan en el país no requieren combustibles de alto octanaje, salvo en casos de motores de alto rendimiento o tecnología avanzada.
Según un estudio reciente, la diferencia de tres octanos entre la nafta súper (95) y la premium (98) se traduce en una mejora de apenas el 3% en rendimiento y consumo. Un beneficio prácticamente imperceptible para la mayoría de los conductores, pero con un impacto significativo en el costo mensual.
En el caso del diésel, la situación es diferente. Las opciones de grado 2 y grado 3 sí presentan diferencias importantes, ya que la cantidad de azufre presente puede afectar el funcionamiento de los filtros de partículas y otros componentes sensibles del motor.
Arranque en frío: precaución y paciencia
Gracias a los sistemas modernos de inyección electrónica, ya no es necesario pisar el acelerador al arrancar el vehículo. Además, es recomendable evitar aceleraciones bruscas con el motor frío, así como trayectos muy cortos en esas condiciones, ya que en ese estado el motor consume más combustible y trabaja de forma menos eficiente.
Presión de neumáticos y carga
Mantener la presión adecuada de los neumáticos es clave: reduce la resistencia al rodamiento, responsable de hasta el 20% del consumo total de combustible. La presión correcta está indicada en el manual del vehículo y, muchas veces, en el marco de la puerta del conductor o la tapa del tanque.
Un consejo adicional: al conducir por ruta, conviene aumentar un poco la presión respecto a la utilizada en ciudad, ya que se circula a mayor velocidad constante.
El exceso de peso también influye negativamente. Por cada 100 kg adicionales, el consumo puede incrementarse entre un 5% y un 7%. Es importante evitar transportar carga innecesaria para no forzar al motor.
Aprovechar las sobremarchas
Aunque las transmisiones automáticas han ganado terreno, las sobremarchas (quinta y sexta en cajas manuales) siguen siendo importantes. Estas marchas permiten mantener el motor a bajas revoluciones, lo que mejora la eficiencia.
Los especialistas recomiendan pasar de marcha lo antes posible: entre 2.000 y 2.500 rpm en motores nafteros y entre 1.500 y 2.000 rpm en diésel. Como regla práctica, se puede pasar a tercera a los 30 km/h, cuarta a los 40 km/h y quinta a los 50 km/h.
También conviene evitar rebajes exagerados y el uso innecesario de la primera marcha.
Mantener velocidad constante
Los cambios bruscos de velocidad —aceleraciones y frenadas— incrementan el consumo. Por eso, mantener una distancia adecuada con el vehículo de adelante permite regular la velocidad sin necesidad de frenar o acelerar constantemente. Esto, además de ahorrar combustible, mejora la seguridad.
En autopistas y rutas, lo ideal es mantener una velocidad constante y moderada. Por ejemplo, a 90 km/h, un auto naftero mediano con motor 2.0 L rinde unos 16 km/l (6,2 L/100 km). A 120 km/h, ese rendimiento baja a 13 km/l (7,7 L/100 km), un 20% más de consumo. En ciudad, puede descender a 9,6 km/l (10,4 L/100 km), un 41% más.
Para un diésel mediano, los números son mejores: 19 km/l a 90 km/h (5,3 L/100 km) y 15 km/l a 120 km/h (6,7 L/100 km). La diferencia en autonomía es notoria: más de 1.000 km sin repostar a velocidad constante de 90 km/h.
Además, al tomar curvas, es preferible levantar el pie del acelerador en lugar de frenar bruscamente. Esto mantiene la marcha engranada y el consumo contenido.
Anticiparse al tránsito
En tráfico denso, las frenadas y aceleraciones repentinas disparan el consumo. La clave es anticiparse al flujo del tránsito, adaptarse a su ritmo y evitar maniobras innecesarias.
Si se prevé una parada prolongada (como un cruce ferroviario o un embotellamiento), apagar el motor puede ser buena idea si la batería está en buen estado. Un motor al ralentí consume entre 0,5 y 0,7 litros por hora.
Por otro lado, duplicar la velocidad no solo duplica la distancia de reacción, sino que cuadruplica la distancia de frenado, lo que incrementa exponencialmente el riesgo de accidentes.
Uso racional de la climatización
El aire acondicionado o climatizador consume energía generada por el motor. Por eso, los expertos aconsejan no exagerar en la diferencia entre la temperatura exterior e interior: lo ideal es mantener unos 20-21 °C en verano y 24 °C en invierno.
También se recomienda usar la función de recirculación, mantener las ventanillas cerradas (mejora la aerodinámica) y evitar los empañamientos prolongados, que obligan a usar el ventilador al máximo.
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En resumen
Ahorrar combustible no requiere grandes sacrificios ni tecnologías costosas. Conducir de manera consciente, cuidar el estado del vehículo y aplicar algunos hábitos sencillos puede tener un impacto directo en el bolsillo —y, de paso, en el medio ambiente—. Porque manejar bien también es manejar con inteligencia.
Con información de LaNación.-




