La tragedia que sacudió al partido de Merlo sigue arrojando escalofriantes aristas sobre la intimidad y el pasado de su victimario, Eyvind Soihit Meza. Detrás de la masacre familiar que hoy estremece al país se esconde una historia de supervivencia extrema, migración forzada y un pasado de privaciones que, años atrás, él mismo ventiló orgulloso en las redes sociales como un ejemplo de «superación».
La ruta de la miseria: «Me vine con 300 dólares»
Mucho antes de que el terror se desatara en el dormitorio de la calle Mercedes, Soihit Meza intentaba vender una imagen de esfuerzo y resiliencia ante la comunidad migrante. Meses después de haberse instalado en Buenos Aires, el hoy femicida respondió a un desesperado pedido de consejos en un grupo de Facebook de venezolanos en la Argentina, detallando la cruda travesía con la que pisó suelo criollo en 2017.
“Me vine con US$ 300. Hace un año me metí en el hostel más barato, en una habitación compartida con cinco personas más, pedí una caja medio grande y la llené de pasta, salsa, arroz, galletas de soda y mermelada”, escribió en aquel entonces, relatando una dieta de supervivencia a base de huevos fritos, carbohidratos y desayunos prestados.
Lejos de desalentar a quienes querían escapar de la crisis, el hombre cerraba su mensaje con una arenga que hoy retuerce las entrañas: “Moraleja: véngase con esa plata sin miedo. Yo ya tengo a toda mi familia acá, mi esposa y mis tres hijos, no dejes que te digan que no se puede”.
Aquel anhelado reencuentro, logrado a fuerza de privaciones y de juntar peso a peso tras llegar solo en 2017, terminó transformándose con los años en una olla a presión invisible que culminó en un baño de sangre.
La masacre de Merlo no es un caso aislado: El alarmante trasfondo de violencia
El horror desatado en el oeste bonaerense pone una vez más sobre la mesa la brutal dimensión de la violencia de género en el país. Especialistas y organizaciones recuerdan que este tipo de desenlaces fatales no son episodios aislados, sino la expresión más extrema de una problemática estructural que sigue cobrándose vidas a un ritmo devastador.
Las cifras oficiales del Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina (Rnfja) —elaborado minuciosamente por la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación— marcan el pulso de la tragedia: el año 2025 cerró con un dramático total de 200 víctimas directas de femicidio y 19 de femicidio vinculado.
Hoy, la historia de aquel inmigrante que juraba haberle ganado a la pobreza con 300 dólares se debate entre la incredulidad, el repudio absoluto y las sombras de una tragedia anunciada.
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