Lo que parecía una familia común y corriente ocultaba una olla a presión a punto de estallar. A medida que los investigadores avanzan en la brutal masacre perpetrada por Eyvind Soihit Meza contra su esposa, Evelyn Rivero Mejías, y sus tres hijos, salen a la luz detalles escalofriantes que revelan una convivencia marcada por el terror psicológico y sombras que apuntan directamente al mercado negro de armas.
Sin denuncias formales, pero con testigos
El relevamiento realizado por los pesquisas en fiscalías y juzgados de familia bonaerenses arrojó un dato inicial desconcertante: no existía ni una sola denuncia previa por violencia familiar radicada por Evelyn.
Sin embargo, el horror puertas adentro comenzó a revelarse gracias a quienes compartían el día a día con la víctima. En charlas con los investigadores, compañeros de trabajo de la mujer destaparon la olla: aseguraron que Soihit Meza la “controlaba todo el tiempo” y sufría un constante y asfixiante maltrato.
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A esto se sumaron los estremecedores testimonios de amigos cercanos, quienes afirmaron que el femicida padecía una grave patología celotípica. Aunque la víctima jamás confesó haber recibido golpes físicos, el círculo íntimo coincidió en que el agresor ejercía una implacable violencia psicológica sobre ella, convirtiendo su vida en un verdadero calvario.
El misterio del arma «fantasma»: ¿Cómo la consiguió?
Otro de los grandes enigmas que desvela a los sabuesos es el origen del arma de fuego utilizada en el multihomicidio. Según las fuentes de la investigación, el agresor empleó una pistola Sarsilmaz modelo SAR 9, cuyo número de serie no figura en los registros oficiales de la ANMAC (Agencia Nacional de Materiales Controlados).
Si bien llamativamente la numeración no estaba limada, los peritos ya pusieron en marcha operativos para establecer la trazabilidad de este pistolón clandestino.
La gran pregunta que hoy retumba en los pasillos judiciales es: ¿Cómo se hizo de un arma letal? Soihit Meza no tenía un empleo en relación de dependencia. Si bien figuraba formalmente en ARCA (ex AFIP) como proveedor de servicios informáticos, los sabuesos comprobaron que jamás ejerció tal profesión; allegados revelaron que, en los últimos meses, mal subsistía haciendo changas como mecánico a domicilio. ¿Quién le financió y le vendió el arma de la muerte?
De migrante a la tragedia total
La historia de la familia también expone un giro oscuro. Soihit Meza había llegado a la Argentina en 2017. En principio se instaló solo y, tras una supuesta bonanza económica producto de sus rebusques, logró juntar el dinero necesario para traer a su esposa y a sus hijos al país, sin imaginar que el destino final de ese reencuentro familiar terminaría teñido de sangre y horror.



