A más de 14 años del desastre que conmocionó a la navegación moderna, el nombre del Costa Concordia continúa evocando una de las tragedias marítimas más impactantes de las últimas décadas. La noche del 13 de enero de 2012, el crucero de lujo —considerado en ese momento uno de los más avanzados del mundo— encalló frente a las costas de la isla de Giglio, en Italia. Lo que parecía ser una travesía placentera se convirtió en una pesadilla en cuestión de minutos.
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Con más de 4.200 personas a bordo, el enorme navío naufragó, dejando un saldo de 32 muertos y más de un centenar de heridos. Las cifras sacudieron a la industria de cruceros y pusieron en duda los protocolos de seguridad de este tipo de embarcaciones. Las imágenes del coloso de acero inclinado sobre las aguas, a pocos metros de la costa, dieron la vuelta al mundo y reflejaron la magnitud de la tragedia, así como el trauma vivido por los sobrevivientes.
El capitán Francesco Schettino fue posteriormente declarado culpable de homicidio involuntario y otros cargos. Además del error que provocó el accidente, quedó marcada la polémica por haber abandonado el barco antes de que finalizara la evacuación de los pasajeros.
Cómo ocurrió la tragedia del Costa Concordia
El crucero zarpó del puerto italiano de Civitavecchia el 13 de enero de 2012 para iniciar un viaje de siete días por el mar Mediterráneo. Pasadas las 19:00 horas, el buque se dirigió hacia la isla de Giglio, según reseñó la BBC. Sin embargo, el capitán decidió desviarse de la ruta programada para acercar el barco a la costa y realizar una maniobra conocida informalmente como “inchino”, una especie de saludo destinado a impresionar a los habitantes locales.
A las 21:45, navegando a una velocidad de aproximadamente 16 nudos (cerca de 30 kilómetros por hora), el Costa Concordia chocó contra un afloramiento rocoso. El impacto abrió una grieta de unos 53 metros en el casco, lo que provocó la inundación de cinco compartimentos estancos y la pérdida de energía eléctrica. El corte afectó la sala de máquinas y dejó al buque sin propulsión, completamente inmovilizado.
Aunque estas maniobras se habían tolerado en otras ocasiones, nunca estuvieron autorizadas oficialmente por la compañía. La colisión fue consecuencia directa de una decisión tomada desde el puente de mando, donde se ignoraron los procedimientos de seguridad habituales para este tipo de navegación. Schettino ordenó la maniobra a pesar de las advertencias sobre la proximidad de las rocas y retrasó la comunicación sobre la gravedad de los daños.
La noche del accidente estuvo marcada por la incredulidad y el terror. Según testimonios de pasajeros recogidos por CNN, cuando las luces se apagaron y el buque comenzó a inclinarse bruscamente, el pánico se apoderó de los viajeros. La comunicación fue confusa y tardía, con retrasos de hasta una hora y numerosos pasajeros desorientados.

Algunos sobrevivientes afirmaron que nunca recibieron instrucciones claras sobre cómo abordar los botes salvavidas. La inclinación de unos 30 grados dificultó el desplazamiento dentro del barco. Ante el caos, muchos pasajeros optaron por saltar al agua fría y nadar cerca de 100 metros hasta la costa.
A las 23:19, en medio de la confusión y las maniobras de evacuación, el capitán Schettino abandonó el barco. Grabaciones oficiales registraron cómo un miembro de la guardia costera le ordenó regresar a bordo.
“Solo un hombre deshonroso habría dejado a todos esos pasajeros a bordo. Fue la experiencia más horrible de mi vida. Una tragedia, un dolor que llevaré conmigo para siempre”, declaró Roberto Bosio, uno de los tripulantes que participó en las labores de rescate.
En una entrevista con la BBC, un funcionario de la isla de Giglio relató la confusión vivida durante el accidente: “No podía entender lo que estaba pasando. El movimiento era tan violento que apenas podía mantenerme en pie. Era muy desorientador. Si intentabas avanzar, caías. No podías distinguir entre arriba y abajo. Fue entonces cuando comenzó el pánico y también se fue la luz”.
Fallas en la evacuación
La evacuación puso en evidencia graves deficiencias en la gestión de emergencias. Tras la colisión, la tripulación no logró dimensionar ni comunicar con claridad los daños a las autoridades italianas. Mientras tanto, a los pasajeros se les restó gravedad al incidente, informándoles que se trataba solo de un apagón.
La alarma general se activó recién a las 22:33, cuando el barco ya estaba inclinado más de 30 grados, lo que dificultaba el acceso a las salidas y la organización de la evacuación. La orden de abandonar la nave se dio a las 22:54, casi una hora después del impacto.

La mayoría de los pasajeros logró evacuar en botes salvavidas, aunque muchos tuvieron que enfrentarse a la inclinación de la nave y a la falta de información. La guardia costera desplegó embarcaciones y helicópteros para rescatar a las personas que permanecían a bordo o en el agua. Las labores de rescate se prolongaron hasta el domingo.
Entre los últimos en ser evacuados estuvieron el oficial Marrico Giampietroni, que resultó herido, y una pareja surcoreana que permanecía atrapada en su camarote. El saldo final fue de 32 fallecidos. El cuerpo de la última víctima fue recuperado en noviembre de 2014, casi tres años después del naufragio.
Consecuencias legales
Tras el desastre, la investigación judicial se centró en las decisiones tomadas antes y después del accidente, así como en las fallas evidenciadas durante la emergencia.
La justicia italiana determinó la responsabilidad del capitán Francesco Schettino, quien fue declarado culpable de homicidio involuntario, naufragio, abandono del barco antes de que concluyera la evacuación y de haber proporcionado información falsa a las autoridades sobre la magnitud del desastre. En 2015 fue condenado a 16 años de prisión.
Sin embargo, no fue el único responsabilizado por el trágico accidente. Varios miembros de la tripulación también enfrentaron cargos y condenas por su participación en los hechos. La justicia consideró que sus acciones y omisiones contribuyeron a agravar la tragedia.
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La investigación concluyó que la ruta desviada no estaba autorizada por la compañía y que la orden de acercarse a la costa fue una decisión personal de Schettino, quien ignoró los protocolos de seguridad y las advertencias recibidas.

Con Información de Infobae.-




