El invierno impacta en todo nuestro organismo, y la piel no es la excepción. Al estar expuesta a las inclemencias del clima, sufre especialmente en ciertas zonas sensibles como las mejillas, los labios, el cuello, el escote y las manos.
La exposición al viento, los cambios bruscos de temperatura y la sequedad de los ambientes calefaccionados pueden provocar diversos trastornos cutáneos, especialmente en el rostro y las manos. Entre las consecuencias más frecuentes del frío extremo se encuentran la sequedad, la tirantez, el enrojecimiento, la picazón y, en algunos casos, la aparición de grietas e irritaciones.
“La mayoría de las personas se olvida de cuidar la piel en invierno y sólo la hidrata durante el verano”, advierte la Dra. Nayra Merino, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). La especialista recomienda no solo el uso de cremas hidratantes y protectoras, sino también mantener una correcta hidratación bebiendo agua en abundancia y consumiendo vitaminas. Además, sugiere evitar duchas con agua muy caliente y los cambios bruscos de temperatura.
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10 consejos para proteger la piel durante el invierno
- Hidratar la piel a diario y varias veces al día. Es especialmente importante en personas con dermatosis como dermatitis atópica o psoriasis. Los emolientes a base de lanolina o urea ayudan a mantener la piel sana en esta época del año.
- Evitar el lavado excesivo de manos. Las llamadas dermatitis de desgaste son muy frecuentes, sobre todo en personas que, por motivos laborales, se lavan las manos repetidamente. El uso de guantes y cremas con efecto barrera es clave para prevenirlas.
- Usar productos suaves para el rostro y el cuerpo. Evitar jabones o cosméticos agresivos y optar por aquellos testados dermatológicamente.
- Ducharse con agua tibia. Evitar el agua muy caliente o muy fría. Una ducha al día es suficiente para evitar la deshidratación cutánea.
- Hidratar y proteger los labios. Son especialmente vulnerables al frío, sobre todo si hay alguna alteración previa como queilitis atópica o actínica.
- Usar protector solar y lentes de sol, incluso en invierno. La nieve puede reflejar hasta el 80% de la radiación solar, aumentando el riesgo de daño solar en la piel.
- Abrigarse adecuadamente. El uso de guantes y prendas térmicas es esencial, sobre todo en personas con sensibilidad al frío o condiciones como sabañones o el fenómeno de Raynaud.
- Mantener una buena alimentación. Aumentar el consumo de vitamina C y antioxidantes, y beber entre 1,5 y 2 litros de agua al día.
- Evitar el consumo de tabaco y alcohol. Ambos afectan negativamente la salud de la piel, favoreciendo la aparición de radicales libres y dilataciones capilares.
- Evitar cambios bruscos de temperatura. Pueden favorecer la aparición de capilares dilatados (telangiectasias) en el rostro, especialmente en las mejillas.
Tres aspectos clave a tener en cuenta
- Ingredientes activos adecuados. Para pieles no sensibles se recomiendan principios como la vitamina C, el ácido retinoico, el ácido glicólico o los hidroxiácidos, con efecto antiedad. Las pieles sensibles, en cambio, deben optar por ingredientes calmantes y descongestivos como el dexpantenol, alfabisabolol, rusco o ácido glicirrético. En estos casos, es fundamental evitar productos con alcohol, perfumes o conservantes, y consultar con un dermatólogo.
- Elegir la textura adecuada de la crema. Las pieles mixtas o grasas se benefician más de los fluidos, mientras que las pieles secas o maduras requieren cremas más densas. También existen tratamientos complementarios, como mascarillas hidratantes o mesoterapia con ácido hialurónico, que aportan hidratación profunda.
- Aprovechar el invierno para tratamientos despigmentantes. Esta época es ideal para realizar tratamientos faciales intensivos tanto en casa como en consultorio, como peelings químicos o mascarillas aclarantes.
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Con Información de TN-




