Desde barrios hasta pueblos y ciudades enteras, el mundo está repleto de lugares pintados con una belleza tan vibrante que elegir solo algunos resulta tan grato como frustrante. Grato por poder mostrarlos; frustrante por tener que dejar otros afuera.
Uno de los más irresistibles es el que aparece arriba: San Miguel de Allende, ubicado en el centro de México.

Su nombre refleja su historia: fue el primer asentamiento de la corona española en Guanajuato y lleva el nombre de su fundador, el monje franciscano Juan de San Miguel. El apellido «Allende» se añadió en 1826 para honrar al nativo Ignacio Allende, héroe de la revolución contra España.
Las iglesias y los numerosos edificios coloniales de San Miguel lo convirtieron en Monumento Histórico Nacional, y en 2008 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Además, ha sido reconocida en varias ocasiones por la revista Condé Nast Traveler como la “Mejor Ciudad Pequeña del Mundo”.
Pero lo que nos ocupa aquí son los colores. En su centro histórico, es casi imposible mirar a cualquier lado sin toparse con una paleta vibrante y encantadora. Fachadas predominantemente cálidas y terrosas —rojo, rosa, amarillo, naranja y terracota— bordean sus calles y plazas adoquinadas.
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Guatapé, Colombia

Guatapé es un lugar encantador: calles serpenteantes, casas pintadas con tonos alegres y zócalos decorados con patrones caleidoscópicos. Tanto así que fue una de las inspiraciones visuales para Encanto, la película de Disney.
Situado en los Andes Occidentales colombianos, su nombre significa “piedra elevada” en quechua, en alusión al imponente monolito de 220 metros conocido como la Piedra del Peñol, que se alza en las cercanías.
Desde comienzos del siglo XX, los habitantes decidieron llenar el pueblo de color y contar su historia a través de ilustraciones. Así, los zócalos de las casas comenzaron a mostrar animales, flores, frutas, paisajes y escenas de la vida cotidiana.
Valparaíso, Chile

Conocida como la Joya del Pacífico, Valparaíso es una ciudad portuaria chilena que se funde con el azul intenso del mar. Su casco histórico, con calles adoquinadas y casas de vivos colores, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2003.
Pero el color no se limita al centro: salpica los 45 cerros que componen la ciudad. Recorrerla es una experiencia de subidas y bajadas envueltas por el arte callejero. Se dice que más que grafitis, Valparaíso es una galería a cielo abierto que refleja la cultura chilena en un arcoíris de colores.
Al principio, los vecinos borraban las obras de arte de sus muros. Pero con el tiempo, comenzaron no solo a apreciarlas, sino también a ceder sus paredes e incluso pagar a los artistas más reconocidos para que los decoraran.
La Boca, Buenos Aires, Argentina

La historia de La Boca comenzó en 1536 con la fundación de Buenos Aires. Su nombre hace referencia a la desembocadura del Riachuelo en el Río de la Plata, donde se formó un puerto natural.
Pero el capítulo colorido llegó a fines del siglo XIX, con la llegada masiva de inmigrantes, en su mayoría genoveses. Muchos se asentaron en la zona y construyeron casas con lo que tenían a mano: madera y chapas metálicas. Así nacieron los «conventillos», viviendas compartidas por varias familias.
La explosión de color que distingue al barrio no fue planificada: los inmigrantes aprovechaban los restos de pintura que quedaban en los barcos. Así, cada casa tenía un tono distinto, lo que dio lugar a un estilo que terminó convirtiéndose en identidad.
Kinsale, Irlanda

En el sur de Irlanda, en el condado de Cork, se encuentra Kinsale, un pequeño pueblo costero con menos de 6.000 habitantes, ruinas históricas y excelentes restaurantes.
Pero lo que más llama la atención es su aire de fantasía. En competencia con el azul del mar y el verde intenso de los campos, sus callecitas medievales están bordeadas por casas y comercios pintados en los colores más vivos.
Las flores en canastas y macetas completan el paisaje, haciendo que Kinsale parezca el escenario de un cuento de hadas.
Isla Burano, Italia

Burano está compuesta por cuatro pequeñas islas, unidas por puentes y separadas por canales. Está ubicada en la Laguna de Venecia y, a diferencia de la melancólica Venecia, Burano es puro carnaval.
Sus casas resplandecen con colores intensos, que son repintados cada dos años para mantener su vitalidad. Existe incluso una regla: cada casa debe tener un color diferente al de sus vecinas. Para cambiarlo o repetirlo, hay que pedir permiso al ayuntamiento.
Bo-Kaap, Ciudad del Cabo, Sudáfrica

Bo-Kaap data del siglo XVIII, cuando los colonos holandeses trajeron esclavos de Malasia e Indonesia y los alojaron en casas de alquiler. Por eso, durante años fue conocido como el Barrio Malayo.
Originalmente, todas las casas eran blancas. Pero tras la emancipación en 1834, los antiguos esclavos, ahora propietarios, las pintaron con tonos brillantes y pasteles como símbolo de libertad y reivindicación.
Kampung Pelangi, Indonesia

Kampung Pelangi, también llamado el Pueblo Arcoíris, se encuentra al sur de Semarang, en el corazón de la isla de Java.
Hasta hace poco era una aldea marginal, con casas descuidadas y un entorno desordenado. Pero en 2017, todo cambió gracias a un proyecto impulsado por el gobierno, que buscaba revitalizar el área luego de renovar el mercado de flores vecino.
La propuesta fue simple pero poderosa: pintar de colores vivos todas las casas y calles. Así, el pueblo se transformó en una postal irresistible para los usuarios de redes sociales y los turistas.
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Por BBC Mundo.-




