Con los datos de los primeros cinco meses, 2024 ya es el año en el que se habrá comido menos carne vacuna en Argentina de las últimas tres décadas: 44 kilos por persona al año, 15,9 por ciento menos que en 2023.
Pero los argentinos no resignan la proteína animal, ni más harina ni más verduras, también carísimas. Se consume menos la de vaca y mucho más la carne de cerdo, que viene después de la sustituta predilecta: la de pollo. “Muchos empezaron a usar carne picada de cerdo en el pastel de papa. También vienen por nalga y cuadrada de cerdo para milanesas”. Desde Arrecifes, el criador porcino y dueño de carnicerías José García describe a Clarín cómo en estos meses de crisis “está mutando” la relación de los argentinos con el cerdo.
“La carne de cerdo es igual o mejor que la de vaca para las recetas (lo dice desde la genética). Pero cuesta pasarse al cerdo. Lo veo hasta en mi casa”, reconoce García y envía a este diario la foto de un menú al que se animó y recomienda: zapallitos rellenos con pulpa de paleta picada de cerdo.
Los consumos de todos los tipos de carne en el país duplican las cantidades recomendadas por las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA). Y hay que tener en cuenta que las guías del país recomiendan mayor cantidad de carne que otras en el exterior. Con seguridad, en la próxima actualización, esa indicación disminuirá al menos 20 %.
“El consumo de carnes en Argentina es extravagantemente alto, incluso en sectores de bajos ingresos, donde también hay exceso (nunca déficit) en sus consumos”, aclara a Clarín Sergio Britos, nutricionista y director del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA).
“No hay datos en tiempo real de lo que está pasando. Pero siempre que hay una situación adversa en materia de precios y capacidad de compra, cuando eso se traslada al precio de la carne, en general se come menos la de vaca y suele reemplazarse por pastas o pollo. Ahora, también por cerdo”, explica.
Las dos carnes sustitutas también están más caras, pero no se acercan al costo de la carne vacuna. El nutricionista considera “una buena práctica” comer menos carnes rojas y más legumbres, verduras, frutos secos y pescado. Pero la inflación no ayuda a llenar esos changuitos ideales. Para Britos, “obviamente, la carne de cerdo aumentó su participación en la dieta de los argentinos. El precio importa mucho, pero también la buena prensa desde hace diez años con conceptos como ‘rica, buena y rendidora’. Hay más disponibilidad de esta carne en carnicerías”.
Britos aclara que la de cerdo es “ligeramente mejor en su perfil de grasas”, mientras que “la de vaca es de las tres la que aporta más hierro” (fundamental en niños a los 6 meses de edad, en quienes es recomendable que se aporte unos 25 o 30 gramos de carne vacuna magra).
Tomado de Clarin.-




