Desde el sábado, 22 millones de usuarios brasileños de X (anteriormente Twitter) se encuentran sin acceso a la plataforma, tras la orden del juez del Tribunal Supremo Federal, Alexandre de Moraes. El bloqueo es consecuencia de la negativa del dueño de la empresa, Elon Musk, a cumplir con órdenes judiciales, como bloquear perfiles de extrema derecha acusados de propagar discursos de odio y amenazas a la democracia, y a pagar las multas correspondientes.
La decisión ha polarizado a la sociedad brasileña. Mientras que sectores progresistas apoyan la medida, argumentando que Musk debe acatar las leyes del país, los conservadores, especialmente los seguidores del ex presidente Jair Bolsonaro, consideran el bloqueo un ataque a la libertad de expresión. En Río de Janeiro, por ejemplo, algunos bolsonaristas como Waldir Ferraz defienden a Musk como una figura salvadora y critican al juez Moraes por «perder el freno». De hecho, se ha convocado una manifestación en São Paulo el 7 de septiembre, Día de la Independencia de Brasil, para pedir el juicio político del magistrado.
El juez Moraes justificó el cierre citando el “riesgo inminente” de que grupos extremistas usen la plataforma para propagar discursos nazis, racistas y antidemocráticos, especialmente en el contexto de las elecciones municipales de octubre. Este bloqueo ha tomado por sorpresa a los políticos en campaña, quienes ahora deben ajustar sus estrategias en otras plataformas. Filipe Lopes, coordinador de la candidata Tainá de Paula del Partido de los Trabajadores, destacó el impacto del cierre en su campaña, ya que X era una herramienta clave para el debate político.
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En respuesta al bloqueo, muchos usuarios están migrando a redes como Threads o Bluesky, la cual sumó un millón de usuarios en tres días. Para la extrema derecha, la pérdida de X representa un golpe significativo, dado que la plataforma permitía la difusión de mensajes radicales sin restricciones.
El juez también impuso multas diarias de 50.000 reales (8.000 euros) para quienes intenten acceder a X mediante VPNs. A pesar de la resistencia de algunos políticos bolsonaristas a esta medida, la mayoría de los ciudadanos opta por la cautela.
El cierre de X no tiene por qué ser definitivo: la plataforma podría reactivarse si Musk cumple con las órdenes judiciales, aunque no parece estar apurado en hacerlo. Además, su empresa Starlink, que ofrece Internet en zonas remotas de Brasil, podría enfrentar problemas similares si no acata las regulaciones locales.
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