La seguridad ciudadana necesita tecnología, inteligencia y recursos, pero también experiencia. En un contexto donde la prevención del delito exige respuestas cada vez más integrales, aprovechar el conocimiento de los policías jubilados puede convertirse en una decisión estratégica para fortalecer las instituciones y mejorar las políticas públicas.
La experiencia de la provincia de Santa Fe, que ha impulsado la reincorporación de policías retirados a determinadas tareas de seguridad, invita a abrir un debate necesario:
¿por qué no aprovechar también esa trayectoria en la formación de nuevos agentes, la planificación de estrategias preventivas y la evaluación de las políticas de seguridad?
No se trata únicamente de regresar al servicio activo. Se trata de reconocer que quienes han recorrido durante años las calles, conocen las particularidades de sus jurisdicciones y han enfrentado distintas modalidades delictivas poseen conocimientos que pueden contribuir al presente y al futuro de la institución policial.
La propuesta es avanzar hacia programas de mentoría policial que permitan a profesionales retirados, seleccionados por su idoneidad, conducta y experiencia, acompañar a los jóvenes efectivos durante sus primeras etapas de servicio. La transmisión de buenas prácticas, el fortalecimiento de la ética profesional, el conocimiento territorial y la toma responsable de decisiones son aspectos que merecen una atención especial.
Asimismo, las asociaciones de policías jubilados y pensionados pueden constituirse en espacios de participación institucional, aportando diagnósticos, propuestas y evaluaciones que contribuyan al diseño, la ejecución y la supervisión de las políticas públicas de seguridad ciudadana.
Esta participación debe desarrollarse con reglas claras, formación actualizada, transparencia y respeto por los derechos humanos, sin sustituir las responsabilidades de las autoridades competentes.
La seguridad moderna no puede limitarse a reaccionar cuando el delito ya ocurrió. Necesita anticipación, coordinación entre organismos, recuperación de los espacios públicos y una relación de confianza entre la policía y la comunidad.
En ese desafío, la experiencia de los policías retirados no debe ser considerada una pieza del pasado, sino una capacidad que puede ponerse al servicio de las nuevas generaciones y de una gestión pública más eficiente.
Como expertos sostenemos que prevenir, profesionalizar y construir confianza exige sumar voluntades y aprovechar el conocimiento disponible en la sociedad.
El policía se jubila de una función, pero su experiencia puede seguir siendo un servicio para la comunidad.
Es tiempo de reconocer ese valor, abrir espacios de participación y convertir la experiencia en formación, prevención y mejores políticas públicas de seguridad ciudadana.
Braulio Seijas.-


