Hay una premisa que debería orientar cualquier política moderna de seguridad. » Es no esperar a que ocurra el delito para comenzar a prevenirlo»
La inseguridad no aparece de la nada. En muchos territorios convive con el desempleo, la pérdida de ingresos, el abandono escolar, la falta de oportunidades y respuestas institucionales insuficientes.
Esto no significa confundir pobreza con delito, sino comprender que determinadas condiciones de vulnerabilidad requieren atención.
De allí parte la necesidad de mirar el problema completo.
Prevenir significa fortalecer la familia y la escuela, generar oportunidades para los jóvenes, recuperar los espacios públicos y articular el trabajo de seguridad con la Justicia, la educación, el desarrollo social y los gobiernos locales.
Pero también significa contar con instituciones profesionales, capacitadas, transparentes y equipadas con tecnología e inteligencia para enfrentar las estructuras criminales.
No se trata de elegir entre orden y desarrollo social.
Una convivencia democrática necesita ambos.
La seguridad se construye cuando las instituciones están presentes, cuando la comunidad participa y cuando existen oportunidades antes de que las economías ilegales ocupen ese espacio.
El desafío, entonces, es pasar del diagnóstico a la acción: coordinar, prevenir y trabajar en el territorio, Estado, instituciones, organizaciones sociales, sector privado, y los ciudadanos tenemos un papel extraordinario que cumplir, participar .. No auto excluimos.
La seguridad no se construye mirando desde afuera. Se construye entre todos.
Seguridad también es prevenir, proteger y recuperar lo que hemos perdido como consecuencia del flagelo de la delincuencia.
Es tiempo de involucrarnos. Es tiempo de actuar y
fortalecer el perfil de la seguridad como política pública y
convertirla más accionable para que genera los resultados que la sociedad espera.
Braulio Seijas.-


