Dos venezolanas que hicieron vida en Coro decidieron convertir la nostalgia, los recuerdos y el amor por sus raíces en un libro para que ningún niño venezolano nacido en el exterior crezca sintiendo que Venezuela es un lugar lejano que solo existe en las historias de sus padres.
Hay cosas que la distancia no puede borrar.
Un refrán, una palabra, un sabor, una canción, un paisaje o una forma particular de decir “chévere” pueden ser suficientes para que un venezolano vuelva, aunque sea por unos segundos, a su tierra.
Desde ese sentimiento nació “Qué chévere ser venezolano”, una guía de venezolanismo creada por las venezolanas Marvia Pérez-Tosca y la diseñadora Alejandra González, dos amigas, comadres y antiguas compañeras de trabajo que decidieron transformar su amor por Venezuela en un puente para las nuevas generaciones.
Marvia es caraqueña, aunque sus últimos años en Venezuela los vivió en Coro, mientras que Alejandra es oriunda de La Vela de Coro. En tierras falconianas ambas construyeron una dupla profesional que combinaba periodismo y diseño: Marvia desde las palabras y Alejandra desde la creatividad.
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Cuando surgió la idea del libro, Marvia supo inmediatamente quién debía acompañarla en el proyecto.
“Pensé en Alejandra inmediatamente”, cuenta, recordando aquella dupla que durante años trabajó junta en Coro y que, además, se convirtió en una amistad que trascendió lo profesional.
Pero “Qué chévere ser venezolano” no nació solamente de una idea editorial. Nació de la añoranza.

Marvia, quien actualmente vive en Estados Unidos y se ha dedicado a la educación especial, ha convertido parte de su trayectoria en una lucha por la diversidad lingüística y por el respeto a las raíces culturales de cada familia. Este es su cuarto libro publicado. Los tres anteriores fueron cuentos multilingües.
Esta vez quiso hablarle directamente a una generación que está creciendo lejos de Venezuela.
Una manera de decirle a nuestros hijos: “Esto también es tuyo”
El propósito de la obra es que los niños venezolanos nacidos fuera del país puedan conocer y reconocer el legado geográfico, cultural y humano de Venezuela.
Porque para quienes migraron, hay un temor que muchas veces permanece en silencio: que los hijos conozcan Venezuela solamente a través de fotografías, relatos familiares o recuerdos de sus padres.
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Por eso el libro busca convertirse en una especie de pedacito de Venezuela dentro de cada hogar.
“Qué chévere ser venezolano” reúne elementos que forman parte de ese universo que identifica a los venezolanos y que permite que una familia pueda conversar con sus hijos sobre sus raíces, sus costumbres, sus expresiones y sus valores.
Y, por supuesto, no podían faltar los refranes.
Entre todos ellos hubo uno que se convirtió casi en un lema durante la creación del proyecto:
“Al mal tiempo, buena cara”.
Una frase que, quizás, resume también la historia de millones de venezolanos que tuvieron que comenzar de nuevo lejos de casa.
“Tener a Venezuela en su casa a través de un libro”
Para sus creadoras, uno de los momentos más emocionantes no ocurre durante el proceso de diseño ni cuando el libro está terminado. Ocurre cuando llega a las manos de una familia.
Las autoras cuentan que reciben mensajes de padres emocionados porque el libro les permite transmitirles a sus hijos valores, enseñanzas y elementos de la cultura venezolana.
Y hay un mensaje que se repite y que las conmueve especialmente: el agradecimiento de quienes sienten que, gracias al libro, tienen nuevamente a Venezuela dentro de su casa.
Es allí donde Marvia y Alejandra entienden que el proyecto va mucho más allá de una publicación.
Es memoria.
Es identidad.
Es pertenencia.
Es una manera de decirle a un niño que nació lejos de Venezuela que también hay una tierra que forma parte de su historia, aunque no haya nacido en ella.

Dos venezolanas, una historia que cruzó fronteras
Marvia y Alejandra llevan aproximadamente 12 años viviendo fuera de Venezuela, atravesando cada una sus propias historias y desafíos. Actualmente ambas viven en diferentes lugares de la Florida Central, en Estados Unidos.
La distancia cambió sus vidas, pero no logró cambiar aquello que las une con Venezuela.
Y quizás por eso decidieron que su libro no debía quedarse en una biblioteca.
“Qué chévere ser venezolano” puede adquirirse desde cualquier parte del mundo a través de Amazon, llevando un pequeño pedazo de Venezuela a familias que, como ellas, aprendieron que emigrar no significa dejar atrás quiénes somos.



