Esa voz que insiste en que algo salió mal, que no es suficiente o que siempre hay que esforzarse más suele imponerse con facilidad sobre la que reconoce los logros o brinda ánimo. Según la psicología, esto no responde únicamente al carácter o a la autoestima, sino a la forma en que funciona el cerebro humano.
De acuerdo con Rey Junco, doctor en Educación, exbecario de Harvard y terapeuta especializado en trauma en Concord Counseling Associates (Estados Unidos), el cerebro está diseñado para detectar amenazas antes que recompensas.
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“Estamos programados para evitar amenazas. El sistema nervioso evolucionó para priorizar la detección de peligros porque ignorar una amenaza tenía consecuencias mucho más graves que pasar por alto un elogio”, explicó el especialista.
Junco señaló que este mecanismo está relacionado con la amígdala, una de las estructuras más primitivas del cerebro, responsable de activar las respuestas de alerta. En cambio, los pensamientos positivos no cuentan con ese mismo «atajo» neurológico, por lo que suelen tener menos fuerza.
Además, el sistema de alerta no siempre distingue entre un peligro real y un error cotidiano, por lo que una equivocación menor puede generar una reacción emocional desproporcionada.
Sarah Oreck, médica y cofundadora de Mavida Health, recordó que experimentar este tipo de pensamientos no significa necesariamente que exista un problema psicológico.
Una voz que se forma desde la infancia
Los especialistas coinciden en que la autocrítica también se desarrolla a partir de las primeras experiencias de vida, especialmente durante la infancia.
Junco explicó que muchas críticas recibidas durante la crianza quedan registradas por el cerebro como señales de amenaza. Por ello, cuando una persona siente que está haciendo algo mal, puede revivir emociones negativas asociadas a esas experiencias tempranas.
En la misma línea, la psicóloga española Isabel Aranda, integrante de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, indicó que las personas aprenden desde pequeñas a juzgarse y exigirse como una forma de protegerse.
No obstante, aclaró que existe una diferencia importante entre una autocrítica saludable, que permite aprender de los errores, y otra perjudicial, basada en descalificaciones generales y repetitivas como «siempre fracaso» o «nunca hago nada bien».
Cómo disminuir el impacto de la autocrítica
Los especialistas aseguran que este patrón puede modificarse mediante estrategias sencillas.
Krista Walker, trabajadora social clínica y directora clínica del Centro de Tratamiento de Adicciones de Lujo Ohana, recomienda identificar el pensamiento negativo apenas aparece, escribirlo y preguntarse si realmente existen pruebas que lo respalden.
Por su parte, Sarah Oreck sugiere llevar un registro de los logros personales y de las situaciones en las que se actuó de acuerdo con los propios valores, con el objetivo de ofrecerle al cerebro una visión más equilibrada de la realidad.
Otra herramienta útil consiste en reducir primero el estado de alerta del organismo. Técnicas de respiración controlada, como la respiración cuadrada o realizar exhalaciones más largas que las inhalaciones, ayudan a disminuir la activación del sistema nervioso y facilitan una evaluación más objetiva de los pensamientos.
Los especialistas también recomiendan ponerle un nombre a esa voz crítica para tomar distancia emocional de ella y evitar identificarse por completo con sus mensajes.
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Finalmente, destacan la importancia de practicar la autocompasión. Una pregunta simple puede servir como guía: «¿Le diría esto a un amigo que está pasando por la misma situación?». Tratarse con la misma comprensión que se tendría hacia otra persona puede reducir significativamente el impacto de la autocrítica y favorecer una relación más saludable con uno mismo.
Con Información de TN.-




