Durante los últimos años, la migración venezolana había entrado en una nueva etapa. Tras el éxodo masivo que convirtió al país en protagonista de uno de los mayores desplazamientos humanos de la historia reciente de América Latina, el ritmo de salida comenzó a desacelerarse. Aunque los venezolanos continuaron emigrando, ya no lo hacían con la intensidad observada entre 2015 y 2019. Incluso, algunos empezaban a considerar la posibilidad de regresar, impulsados por la reunificación familiar o por la percepción de una relativa estabilización económica.
Sin embargo, el doble terremoto del 24 de junio amenaza con cambiar nuevamente ese panorama.
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El sociólogo Tomás Páez, presidente del Observatorio de la Diáspora Venezolana, considera que aún es prematuro determinar cuántas personas decidirán abandonar el país como consecuencia del desastre. No obstante, sostiene que los sismos representan un nuevo factor de presión sobre una población que ya vivía en condiciones de extrema vulnerabilidad.
«Lo primero es cómo apoyamos de manera eficiente a los familiares y a los damnificados por este terremoto, que además ocurre en medio de otro gran terremoto que ya lleva 27 años: el de la destrucción del país. Es un país sin instituciones, sin recursos, sin hospitales y sin capacidad para responder«, afirmó Páez en conversación con El Nacional.
Los dos sismos, de magnitud 7,2 y 7,5, registrados con apenas 39 segundos de diferencia, devastaron especialmente el estado La Guaira.
Mientras el Observatorio concentra sus esfuerzos en canalizar ayuda hacia organizaciones civiles que trabajan en las zonas afectadas, el especialista explica que las consecuencias del desastre van mucho más allá de las víctimas fatales. Miles de familias perdieron sus viviendas, otras permanecen fuera de ellas mientras se realizan inspecciones estructurales y muchas deberán afrontar reparaciones para las que no cuentan con recursos.
«Esto va a generar, en primer lugar, un desplazamiento interno. Hay personas que se trasladan a casas de familiares y otras que permanecen en espacios públicos porque perdieron sus viviendas o esperan saber si podrán regresar a ellas», señaló.
La gran incógnita es si ese desplazamiento interno terminará convirtiéndose también en una nueva ola migratoria.
«Es muy difícil prever si habrá también un desplazamiento internacional, aunque es razonable pensar que sí», agregó.
Páez recuerda que el Observatorio publica informes mensuales y trimestrales sobre la movilidad de la diáspora y espera contar con datos más precisos cuando los países actualicen sus registros migratorios.
Un éxodo que nunca se detuvo
Para comprender el posible impacto del terremoto, es necesario revisar la evolución de la migración venezolana.
Páez recuerda que los primeros movimientos migratorios importantes comenzaron hace varias décadas, pero identifica el gran punto de inflexión con la llegada del chavismo al poder y, especialmente, con el acelerado deterioro económico y social que se profundizó a partir de 2015.
Cuando el Observatorio inició sus investigaciones, en 2013, estimaba que alrededor de 1,6 millones de venezolanos residían fuera del país. En la actualidad, la diáspora venezolana está presente en 91 países y en miles de ciudades alrededor del mundo.
«A partir de 2015 se produjo un salto extraordinario. El número de personas que salían del país se multiplicó por diez«, explicó.
La pandemia frenó temporalmente ese proceso e incluso motivó algunos retornos. Sin embargo, el fenómeno nunca desapareció.
«Desde 2021 la migración continúa. Ya no al ritmo de 2014, 2015 o 2019, pero sí de forma constante», afirmó.
Desde esa perspectiva, el terremoto no marca el inicio de una nueva migración, sino que podría acelerar un proceso que nunca se detuvo.
«Es muy probable que en algunas de las regiones más afectadas se produzcan tanto desplazamientos internos como migraciones internacionales», sostiene.
El regreso vuelve a alejarse
La tragedia no solo podría impulsar nuevas salidas. También cambia las expectativas de miles de venezolanos que viven en el exterior y comenzaban a plantearse un eventual regreso.
Un estudio reciente del Observatorio de la Diáspora Venezolana señala que los migrantes consideran indispensables tres condiciones para retornar: seguridad, empleo y servicios públicos. Tras los terremotos, esas condiciones se deterioraron aún más.
«Esto frenará a quienes estaban pensando en regresar en el corto plazo. Para considerar el retorno, las personas señalaban que debía existir seguridad, servicios públicos y oportunidades de empleo. Hoy esas condiciones están aún más comprometidas», explicó Páez.
La reconstrucción del país requerirá inversiones multimillonarias en hospitales, viviendas, redes eléctricas, sistemas de agua potable e infraestructura.
A juicio del sociólogo, ese desafío llega en un momento en que el Estado carece de la capacidad financiera e institucional para asumirlo.
¿Cambiarán las políticas migratorias?
Consultado sobre la posibilidad de que los países receptores reactiven mecanismos extraordinarios de protección para los venezolanos, Páez diferencia la situación de Europa y Estados Unidos.
En el caso de España, recuerda que la eliminación de determinadas figuras de protección responde a una política migratoria común de la Unión Europea y no exclusivamente a una decisión del gobierno español.
Además, sostiene que los venezolanos siguen contando con otras vías legales para regularizar su situación migratoria.
«La figura que se eliminó no era la única opción para permanecer legalmente en España. Existen otros mecanismos y continúan vigentes», señaló.
Respecto a Estados Unidos, su perspectiva es menos alentadora.
Aunque algunos legisladores propusieron restablecer el Estatus de Protección Temporal (TPS) para los venezolanos tras el terremoto, considera que la política migratoria estadounidense mantiene una línea restrictiva.
«Veo muy poco margen para que se adopten nuevas medidas de protección«, advirtió.
Una diáspora que vuelve a movilizarse
Páez destaca la rapidez con la que la diáspora venezolana respondió a la emergencia.
Organizaciones de la sociedad civil comenzaron casi de inmediato campañas para recolectar alimentos, medicamentos, ropa y otros insumos, además de coordinar redes logísticas para hacer llegar la ayuda a las zonas afectadas.
Sin embargo, advierte que la respuesta humanitaria apenas representa el inicio de un proceso que se prolongará durante años.
«Esta es una carrera de fondo, no una carrera de corto plazo», afirmó.
El sociólogo reconoce que es imposible permanecer indiferente ante las imágenes de edificios colapsados y familias que lo perdieron todo.
Al mismo tiempo, considera que la solidaridad demostrada por los venezolanos dentro y fuera del país ofrece motivos para mantener la esperanza.
«Hay esperanza porque existe una sociedad que ha demostrado su solidaridad, su capacidad para trabajar en conjunto, buscar soluciones y apoyar a quienes más lo necesitan. Venezuela está en todas partes, y esa Venezuela está convencida de que es posible y necesario reconstruir el país», concluyó.
Los dos terremotos, de magnitud 7,2 y 7,5, registrados con apenas 39 segundos de diferencia, devastaron principalmente el estado La Guaira, aunque también causaron graves daños en Caracas y otras zonas del centro-norte de Venezuela. Miles de personas murieron, decenas de miles resultaron heridas o perdieron sus viviendas, mientras la destrucción de hospitales, carreteras y servicios básicos profundizó la emergencia humanitaria que ya enfrentaba el país tras años de deterioro institucional y económico.
Con Información de El Nacional.-




