El venezolano Iván Enrrique Álvarez Mendoza, de 28 años y oriundo de San Fernando de Apure, estado Apure, fue seleccionado para realizar una estancia de investigación en el Instituto del Cerebro de Queensland (Queensland Brain Institute), perteneciente a la Universidad de Queensland, en Australia, donde profundizará sus estudios sobre atención, memoria y aprendizaje.
Actualmente reside en Buenos Aires, Argentina, y cursa un Doctorado en Ciencias Médicas en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Su selección representa un importante paso en su carrera científica y lo convierte en el único representante de la Facultad de Medicina de la UBA en el programa de financiamiento Travel Grant.
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Álvarez salió de Venezuela en 2022, aunque aseguró que lleva viviendo fuera de su tierra natal, Apure, desde 2015. La decisión de emigrar estuvo motivada por su deseo de dedicarse a la investigación científica.
«Tras mis pasantías en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), vi que la calidad para investigar se venía abajo. No me podía quedar ahí si quería hacer ciencia de verdad«, afirmó.
Esa búsqueda lo llevó primero a realizar una maestría en la ciudad argentina de La Plata y posteriormente a ingresar al doctorado en la UBA.

Adaptarse a un nuevo país
El investigador recuerda que sus primeros años en Argentina fueron intensos. Incluso el lenguaje y las expresiones locales representaron un reto durante su adaptación.
«El lenguaje porteño me costó al principio, sobre todo en la facultad, pero me enfoqué tanto en estudiar que no tenía ni tiempo para llorar. Eso me ayudó a integrarme rápido», relató.
Álvarez es licenciado en Histotecnología, carrera que estudió en la Universidad Arturo Michelena, en el estado Carabobo. Su interés por la ciencia surgió desde la infancia.
«De niño me enfermaba mucho y pasaba gran parte de mi vida en hospitales. Quería entender de dónde venían las enfermedades y cómo funcionaba el cuerpo. Esa curiosidad me llevó a la ciencia«, explicó.
Una investigación sobre la memoria y el aprendizaje
Desde 2022 desarrolla su Doctorado en Ciencias Médicas en la UBA, una institución que describe como un referente mundial y con la que, asegura, mantiene un vínculo especial desde sus años de estudiante en Venezuela.
«Cuando estudiaba en Venezuela, mis libros de Anatomía y Fisiología eran de autores de la UBA. Estar acá es cerrar un ciclo brutal», expresó.
Su investigación doctoral se centra en los mecanismos neurales y moleculares de la generalización del aprendizaje. En términos sencillos, estudia cómo el cerebro utiliza recuerdos previos para resolver situaciones nuevas.
Para ello emplea como modelo experimental a la mosca Drosophila melanogaster, con el objetivo de analizar cómo neurotransmisores como la dopamina y la serotonina regulan estos procesos.

Una oportunidad que llegó en el último momento
La noticia de su selección para realizar la estancia en Australia llegó de manera inesperada.
El científico explicó que debía enviar la documentación requerida para optar al Travel Grant y necesitaba la aprobación de la universidad australiana. Sin embargo, debido a la diferencia horaria, no recibía respuesta y ya había desistido de la posibilidad.
«Veinte minutos antes de que cerrara la convocatoria me llegó el proyecto firmado y la carta de aceptación», recordó.
La noticia le produjo una mezcla de emociones.
«No lo asimilé. Esa noche no dormí; primero por el estrés de los papeles y luego porque me cayó la ficha de que me iba a un país lejísimo. Me sentí un poco loco por lanzarme a esa aventura, pero ahí estaba», señaló.
Aunque desconoce el número exacto de candidatos seleccionados en Australia, explicó que el Travel Grant está dirigido a estudiantes de doctorado de todas las facultades de la UBA y que él será el único representante de la Facultad de Medicina.
Investigación sobre atención y memoria
La estancia en Australia tendrá una duración inicial de tres meses, período cubierto por el financiamiento actual. Sin embargo, el investigador aspira a conseguir nuevos recursos que le permitan extender su permanencia entre cuatro y cinco meses adicionales para completar experimentos que tuvo que reducir por falta de tiempo.
Durante su estadía, su trabajo se enfocará en estudiar la relación entre atención y memoria.
«Mis resultados muestran que, al apagar una estructura específica del cerebro, existe mucha dispersión en el comportamiento. En Australia voy a estudiar esa dispersión para ver cómo se relaciona con la atención y, por consecuencia, con la memoria», explicó.
Álvarez considera que varios aspectos fueron determinantes para su selección, entre ellos trabajar con un modelo experimental poco común como la Drosophila melanogaster, su dedicación al campo de las neurociencias y sus publicaciones científicas.

No obstante, cree que hubo un factor aún más importante.
«Más allá de lo académico, creo que lo que realmente pesó fue la resiliencia: haberlo intentado y no haberme rendido nunca», afirmó.
Durante esta experiencia representará al Instituto de Fisiología y Biofísica (IFIBIO), organismo que forma parte de la Facultad de Medicina de la UBA y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Un logro compartido
Para el investigador venezolano, esta oportunidad tiene un profundo significado personal y familiar.
«Es el fruto de años de trabajo duro, no solo mío, sino también de mi familia. Yo salí de mi casa a los 15 años buscando este camino, pasé por la Universidad Arturo Michelena y el IVIC, donde soñaba estar desde cuarto año de bachillerato. Llegar hasta acá es una experiencia sumamente gratificante y una recompensa compartida para mis padres y para quienes han creído en mí desde el principio«, expresó.
Considera que este logro representa un enorme salto en su carrera científica, ya que le permitirá aprender nuevas formas de investigar y relacionarse con especialistas de distintas partes del mundo.
«Sin duda, es un hito total en mi formación como investigador», afirmó.
Su familia y amigos recibieron la noticia con gran entusiasmo.
«Ellos saben todo lo que me ha costado llegar hasta acá, todas las etapas que fui superando, y lo toman como un éxito propio y de todos nosotros», comentó.
Llevar a Venezuela en cada paso
Aunque actualmente reside en Argentina, Álvarez aseguró que representar a Venezuela tiene un significado especial.
Sin embargo, destaca especialmente a Guasimal, un pueblo del estado Apure que describe como una comunidad de gente trabajadora, unida y caracterizada por la generosidad y el apoyo mutuo.
«Ese es el espíritu que llevo conmigo a todos lados», señaló.
El investigador también considera que los venezolanos están destacándose en el ámbito científico y académico internacional.
«La ciencia es un mundo amplio y tengo amigos en China, México, Perú y Alemania formándose como físicos, químicos, agrónomos y educadores. El talento está ahí y se nota», sentenció.

Atribuye gran parte de su capacidad para superar obstáculos a valores aprendidos en Venezuela, como la resiliencia, la perseverancia y la creatividad para resolver problemas con pocos recursos.
«En ciencia, esa capacidad de improvisar y buscar soluciones cuando no tienes todo a la mano es una ventaja competitiva brutal», afirmó.
El desafío de empezar de cero
Entre los mayores retos de su experiencia migratoria menciona haber tenido que dejar todo atrás y comenzar desde cero, además de luchar para que su formación académica fuera valorada en un sistema distinto.
También reconoce que el proceso estuvo marcado por diferencias en las metodologías de enseñanza, trámites burocráticos y la incertidumbre sobre el futuro.
Incluso admite que hubo momentos en los que pensó que su sueño sería difícil de alcanzar.
«Una semana antes de que me llegara lo de Australia estaba tan cansado y frustrado que me quería volver a mi casa. Pero me acordé de por qué salí: para hacer ciencia de la buena», recordó.
De esas experiencias aprendió que la capacidad de adaptación es una habilidad fundamental.
«Aprendí a ser paciente y a no perder el norte», afirmó.
Mirando al futuro
Durante su estancia en Australia espera adquirir nuevas metodologías de trabajo, conocer otras perspectivas de la ciencia y establecer contactos clave para su desarrollo profesional.
Considera que esta experiencia aportará una visión global a su investigación doctoral y espera que, a largo plazo, el conocimiento generado pueda contribuir a ayudar a niños con problemas del desarrollo y del aprendizaje.
Una vez finalizado el doctorado, su objetivo es continuar investigando, publicar nuevos trabajos y liderar proyectos científicos internacionales.
«La ciencia es global y quiero estar ahí», afirmó.
Aunque su futuro está ligado a la investigación internacional, reconoce que la idea de regresar a Venezuela siempre está presente.
«Me encantaría conectar todo lo que aprendí afuera con la gente que sigue trabajando allá», señaló.
Si pudiera hablar con el joven que salió de Venezuela, le diría que cada sacrificio vale la pena y que su curiosidad lo llevará mucho más lejos de lo que alguna vez imaginó.
«Todo ayuda para bien. Recuerdo siempre Romanos 8:28. Sí se puede luchar y soñar; aunque parezca que todo va mal, al final siempre saldrá bien», expresó.
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Finalmente, envió un mensaje a los jóvenes venezolanos que sueñan con estudiar o investigar en el exterior:
«Que se preparen y no dejen que nadie les diga que no pueden. El talento venezolano es increíble y la preparación es la puerta que nadie les va a poder cerrar. Que sueñen, que investiguen, que pregunten, que no les dé pena y que sean atrevidos con el conocimiento y las ganas de aprender. ¡Sí se puede!».




