Cada Día de las Madres tiene un significado especial para Emily Yuliany Mora Bohórquez, una venezolana de 36 años oriunda de San Cristóbal, estado Táchira, que desde el 12 de febrero de 2019 vive en Argentina junto a su hijo, Raúl Eduardo Negrón Mora, hoy de 18 años.
Su historia está marcada por la migración, el esfuerzo y los sacrificios silenciosos que muchas madres venezolanas han tenido que asumir lejos de casa, con la esperanza de construir un mejor futuro para sus hijos.
“Ser una madre migrante es una experiencia bastante compleja. Estás dividida entre trabajar para darle un mejor futuro y la crianza a distancia, sin una red de soporte familiar”, expresó Emily al recordar los años en los que debía dejar a su hijo solo mientras cumplía largas jornadas laborales.
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Confiesa que muchas veces la conexión entre ambos dependía únicamente de una llamada o un mensaje, mientras ella confiaba en Dios y en los valores que logró inculcarle desde pequeño. “Esto no es para débiles”, afirmó entre risas y nostalgia.
Emily asegura que uno de los mayores orgullos de su vida es escuchar cuando otras personas le dicen lo educado y noble que es su hijo. “Ese es el momento donde te das una palmadita en el hombro… un aplauso para mamá”, comentó emocionada.
La venezolana también recordó que fue madre siendo apenas una adolescente. A los 18 años ya cuidaba de un bebé de tres meses cuando decidió mudarse a Maracaibo, estado Zulia, donde vivió durante 11 años. “Lo asumí, protegí y cuidé como solo una madre sabe hacerlo”, relató.
Aunque reconoce que ser madre joven fue difícil, asegura que el amor por su hijo le dio la fuerza necesaria para salir adelante. “Un hijo no te arruina la vida, pero sí la cambia por completo. Tus sueños pasan a segundo plano porque todo gira en torno a ellos”, expresó.

Emily destacó además el apoyo fundamental de sus padres, quienes no solo la acompañaron emocionalmente, sino que también impulsaron su crecimiento profesional. Gracias a ellos comenzó en el mundo de la manicura a los 22 años, luego de que su madre descubriera su habilidad pintando uñas en casa.
Con esfuerzo y dedicación empezó realizando servicios a domicilio en Venezuela, mientras intentaba equilibrar su vida como madre, esposa, estudiante y ama de casa. Aunque logró graduarse como licenciada en Educación Integral, terminó dedicándose por completo al oficio que le permitía mantener a su familia.
Hoy día sigue con el oficio que la apasiona, detacándose como una de las mejores y actualizándose cada vez con distintas técnicas para el cuidado y de manos y pies de sus clientes.

En medio de la distancia, también guarda con nostalgia los recuerdos de los Días de las Madres en Venezuela: las reuniones familiares, la música, las parrillas, las risas y las grandes mesas llenas de comida y afecto. “Éramos tan afortunados y no lo sabíamos”, recordó.

Hoy, su mayor sueño sigue siendo el bienestar de su hijo. “Sueño con que sea un hombre feliz, útil para la sociedad, que recorra el mundo y encuentre una buena compañera de vida”, expresó.
Finalmente, Emily quiso enviar un mensaje especial a todas las madres venezolanas, especialmente a aquellas que viven lejos de su país.
“Hoy las abrazo y felicito por su incansable labor. Gracias mamá por nunca rendirte, por hacer malabares entre el trabajo y el hogar con una sonrisa. Son los seres más maravillosos creados por Dios”, concluyó.




