El crucero MV Hondius, que zarpó desde Tierra del Fuego y en el que se registró un brote de hantavirus que dejó tres fallecidos, es una embarcación diseñada para expediciones en regiones polares, que combina estándares de confort con un enfoque en la exploración de entornos remotos.
Con capacidad para 170 pasajeros, el buque ofrece diversas opciones de alojamiento: desde seis suites amplias con balcón privado de 27 metros cuadrados, hasta cabinas dobles, triples y cuádruples con ojo de buey, de entre 13 y 16 metros cuadrados. También dispone de junior suites, cabinas superiores y opciones deluxe. Algunas habitaciones pueden tener la vista parcialmente obstruida por elementos estructurales, como pasarelas.
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Según detalla su sitio oficial, una de las cubiertas está destinada a conferencias y presentaciones en varios idiomas, con una sala de estar y observación, además de un espacio específico para charlas. A pesar de sus estándares de hotelería, el barco busca mantener un ambiente acogedor e informal.
El Hondius está orientado a expediciones centradas en la naturaleza y la vida silvestre. La dinámica del viaje prioriza las actividades en tierra por encima de los días de navegación. Para ello, cuenta con lanchas Zodiac que permiten traslados ágiles y excursiones, con acceso a través de dos pasarelas y una plataforma de embarque cubierta, que también puede utilizarse para actividades como kayak.
La tripulación y el personal —incluyendo equipo de expedición y servicios a bordo— suman unas 70 personas, encargadas de asistir a los pasajeros durante toda la travesía. El buque dispone de dos motores principales y alcanza una velocidad máxima de 15 nudos.

En cuanto al perfil de los viajeros, la edad suele oscilar entre los 30 y 80 años, con un promedio de entre 45 y 65. En su mayoría, se trata de turistas internacionales interesados en explorar regiones remotas.
El crucero también destaca por su enfoque ambiental. Incorpora iluminación LED, sistemas de calefacción a vapor, lubricantes y pinturas biodegradables, así como tecnologías de gestión energética orientadas a reducir el consumo de combustible y las emisiones de CO₂.
La vida a bordo se desarrolla en un ambiente informal. Se recomienda vestir ropa cómoda y en capas, ya que mientras en el interior se mantiene una temperatura agradable, en cubierta las condiciones pueden ser frías y resbaladizas. Además, se sugiere estar preparado para salir rápidamente al exterior ante avisos como el avistamiento de ballenas.

Entre las normas, se prohíbe fumar en espacios interiores y solo se permite en cubierta, bajo restricciones para evitar arrojar residuos al mar.
Por último, este tipo de expediciones exige cierta condición física. Los pasajeros deben caminar varias horas al día y utilizar escaleras empinadas para acceder a las embarcaciones auxiliares. Dado que los viajes se realizan en zonas remotas sin acceso a servicios médicos complejos, se recomienda que los participantes no presenten condiciones de salud que requieran atención constante.
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Con Información de TN.-



