El financiamiento a los hogares comenzó a mostrar señales de alerta en los últimos meses. Aunque las tasas de interés en pesos empezaron a moderarse tras el endurecimiento monetario aplicado a finales de 2025, los créditos destinados al consumo registran una marcada caída, en un contexto de pérdida del poder adquisitivo de los salarios.
De acuerdo con datos del Banco Central correspondientes a febrero, las líneas de financiamiento bancario para las familias —como tarjetas de crédito y préstamos personales— disminuyeron por cuarto mes consecutivo. La baja fue de 1,6% en términos reales, es decir, por encima de la inflación estimada por consultoras privadas para ese mes, que ronda el 2,9% mensual.
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Este retroceso se produce en medio de una contracción del crédito en general. Según cifras oficiales, el financiamiento al sector privado cayó 1,3% en febrero. Desde el inicio de 2026 el volumen de préstamos mantiene una tendencia descendente, aunque en la comparación interanual aún muestra un crecimiento cercano al 20% en términos reales respecto a enero del año pasado.
El freno al crédito para el consumo se refleja especialmente en el stock de tarjetas de crédito, que se redujo cerca de 3% en términos reales. Por su parte, los préstamos personales registraron una leve caída en febrero, aunque todavía acumulan un incremento superior al 14% por encima de la inflación en los últimos doce meses.
Un informe de la consultora LCG advirtió que el nivel de irregularidad en el pago de los créditos de las familias volvió a aumentar en diciembre —último dato disponible— y alcanzó el 9,3%, con 15 meses consecutivos de incremento. Según el análisis, esta tendencia responde a tasas de interés que se mantienen elevadas —la tasa nominal anual promedio de los préstamos personales fue de 69% en febrero— en un escenario de salarios estancados o incluso en retroceso.
Los especialistas consideran que el panorama difícilmente mejore en el corto plazo. Con un nivel récord de mora en las deudas familiares —tanto con bancos como con fintech, que registran una morosidad cercana al 18% según los últimos datos— y una evolución salarial débil, el financiamiento al consumo podría seguir enfrentando restricciones.
A esto se suma la falta de un motor claro de expansión económica. Un crecimiento moderado de la actividad también limita la demanda de crédito por parte de las empresas. De hecho, varias compañías ya presentan dificultades para cumplir con sus compromisos financieros, lo que podría afectar el dinamismo del crédito corporativo.
En el segmento empresarial también se registraron retrocesos en algunas líneas de financiamiento. Los adelantos y documentos comerciales mostraron caídas, y los préstamos en pesos para empresas disminuyeron 1,2% en términos reales en febrero frente a enero. No obstante, en la comparación interanual todavía presentan un aumento superior al 15%.
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En contraste, los créditos corporativos en dólares mantienen una dinámica positiva. Según datos oficiales, crecieron 1,6% y el stock total superó los 20.000 millones de dólares. Con un tipo de cambio estable y tasas en pesos elevadas, este tipo de financiamiento resulta cada vez más atractivo. En este contexto, el Gobierno busca ampliar el acceso a estos préstamos, que desde la salida de la convertibilidad han estado mayormente restringidos a empresas del sector exportador.
Con Información de Clarin.-




