En el entorno existen distintos tipos de ruido: sonidos que interrumpen el silencio y otros que, aunque pasan desapercibidos, influyen en nuestro estado de ánimo y nivel de concentración. Existe además una categoría organizada según patrones matemáticos y “cromáticos” que puede utilizarse como herramienta terapéutica. En este ámbito se habla de los colores del ruido, un concepto técnico que describe cómo se distribuye la energía sonora a lo largo del espectro audible.
Según el blog especializado en salud de Afflelou, antes de conocer estos tipos de ruido es importante entender que el oído humano percibe frecuencias que van aproximadamente de los 20 Hertz (Hz) a los 20.000 Hz. Cualquier sonido fuera de ese rango resulta imperceptible. Además, la manera en que la energía se distribuye dentro de ese espectro determina si un sonido resulta molesto, favorece la concentración o induce el sueño profundo.
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El color detrás de cada ruido
El término colores del ruido se utiliza por analogía con el espectro de la luz: así como la luz blanca contiene todos los colores visibles, existen patrones sonoros que abarcan todas las frecuencias audibles.
Estos ruidos proporcionan un fondo constante y predecible que eleva el umbral auditivo, lo que reduce la probabilidad de que estímulos repentinos activen la respuesta de alerta del sistema nervioso.
Para comprender la relación entre color y sonido es necesario considerar la densidad espectral de potencia, es decir, cuánta energía concentra un sonido en las frecuencias bajas (graves) frente a las altas (agudas). Si la energía se distribuye de manera uniforme, el resultado es un silbido constante. Si se concentra en las frecuencias bajas, el sonido se percibe más profundo y apagado.
¿Para qué sirve cada tipo de ruido?
La ciencia asigna un color a cada una de estas configuraciones para facilitar su identificación en contextos clínicos o terapéuticos.

Ruido blanco
Se caracteriza por mantener una intensidad constante en todas las frecuencias audibles; gráficamente, su potencia es plana. Su sonido es similar al de la estática de un televisor o al de un sistema de ventilación.
Su principal función es enmascarar ruidos irregulares. Según la Fundación Caser, puede emplearse para favorecer el sueño en entornos con alta contaminación acústica.
Ruido rosa
A diferencia del blanco, el ruido rosa reduce su energía a medida que aumenta la frecuencia. Esto genera un equilibrio que el oído percibe como más natural y agradable. Ejemplos de este patrón son la lluvia constante, el viento o el sonido de las hojas al moverse.
Investigaciones citadas por Top Doctors señalan que el ruido rosa puede favorecer la aparición de ondas cerebrales lentas, asociadas con el sueño profundo y la consolidación de la memoria. Es uno de los más recomendados para el descanso prolongado y la reducción del estrés.

Ruido marrón
También conocido como ruido rojo o browniano, concentra la mayor parte de su energía en las frecuencias bajas y disminuye notablemente en las altas.
Se percibe como un sonido profundo y envolvente, similar a un trueno lejano o al ruido constante dentro de una cabina de avión. Diversos medios especializados indican que puede resultar útil para personas con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), estrés o ansiedad, ya que al carecer de agudos intensos favorece una sensación de estabilidad y reduce la hiperactividad del sistema nervioso.
Ruido azul y violeta
Se sitúan en el extremo opuesto del espectro: su energía aumenta a medida que sube la frecuencia, generando sonidos muy agudos y penetrantes.
Según la plataforma OzloSleep, debido a su carácter potencialmente irritante no se emplean para la relajación. Su uso es principalmente técnico, en ingeniería de audio o en terapias específicas de desensibilización auditiva.
En plataformas como YouTube y Spotify es posible encontrar ejemplos y listas de reproducción con estos distintos tipos de ruido, que muchas personas utilizan para manejar la ansiedad, el insomnio o la dificultad para concentrarse.

Recomendaciones para la exposición sonora
El sistema nervioso interpreta los ruidos repentinos como señales de amenaza, lo que activa la liberación de cortisol, conocida como la hormona del estrés. Una exposición prolongada a este estado puede provocar fatiga mental e insomnio.
La utilización de ruidos cromáticos —especialmente el rosa y el marrón— puede contribuir a regular esta respuesta al proporcionar una señal acústica estable que disminuye la percepción de peligro y favorece la relajación.
No obstante, su eficacia depende de un uso adecuado:
- El volumen no debe superar los 60 decibelios, ya que niveles superiores mantenidos en el tiempo pueden dañar el oído.
- No se recomienda utilizarlos durante más de cuatro horas al día. El cerebro necesita periodos de silencio para procesar información y descansar.
- Para fines terapéuticos, conviene evitar grabaciones de baja calidad, pues la compresión digital puede introducir distorsiones que interfieran con el efecto relajante.
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El uso de los colores del ruido constituye una alternativa accesible y no invasiva para mitigar el estrés, siempre que se aplique con criterios técnicos adecuados y respetando los límites de la fisiología auditiva.
Con Información de ElDiario.-




