En el corazón vibrante de Nueva York, una ciudad que late al ritmo de miles de historias migrantes, hay un proyecto que nació de la resiliencia y hoy se ha convertido en faro para emprendedores latinos. Su origen no está en un despacho elegante ni en una estrategia calculada, sino en dos corazones venezolanos —Carlos Luis Guevara y Mary Castillo— que transformaron la incertidumbre en una plataforma de oportunidades.
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A22 Marketing no surgió como una empresa tradicional; fue primero un refugio creativo. Después de salir de Venezuela y vivir un tránsito complejo por Colombia, Carlos y Mary descubrieron que la reinvención era su mayor fortaleza. Allí comprendieron el poder de la imagen, la narrativa y lo digital como herramientas capaces de elevar voces que, muchas veces, quedan apagadas en el ruido migratorio.
Cuando llegaron a Nueva York en 2020, la ciudad estaba suspendida por la pandemia. Ellos, como tantos otros, trabajaron donde fue necesario para sobrevivir. Pero entre jornadas agotadoras, surgió una certeza: las historias de los migrantes merecían ser contadas con dignidad. “Todos tenemos algo valioso que mostrar, incluso cuando creemos que estamos empezando de cero”, reflexiona Carlos.
Con una cámara, una laptop y una determinación inquebrantable, renació A22 Marketing: una agencia dedicada a impulsar a emprendedores —sobre todo venezolanos y latinos— a construir una presencia digital auténtica. Mary, especialista en estética culinaria, y Carlos, apasionado por la narrativa visual, encontraron en el marketing un puente entre identidad y propósito.

Hoy, A22 no solo crea contenido; crea confianza, comunidad y sentido de pertenencia. Para ellos, cada emprendedor lleva consigo un universo de sueños, y ayudarlos a mostrarlos al mundo también es una forma de sanar el propio camino migrante. “Inspirar a otros es recordar por qué empezamos”, dice Mary.
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Y así, entre luces de estudio, aromas de cocina y acentos que viajan, esta pareja demuestra que los migrantes no solo llegan lejos… también elevan a quienes caminan a su lado.
Por Carlos Eduardo Escobar.-




