No llegar a tiempo a compromisos, reuniones o citas es más común de lo que parece. Aunque muchas veces se interpreta como una simple “mala costumbre” o falta de compromiso, la psicología señala que la impuntualidad crónica puede tener raíces mucho más profundas.
Desde la perspectiva de la psicología conductual, llegar tarde de forma habitual puede estar relacionado con la percepción del tiempo, ciertos rasgos de personalidad y el ritmo interno de cada individuo.
Diana DeLonzor, especialista en gestión del tiempo y autora del libro Never Be Late Again: 7 Cures for the Punctually Challenged, sostiene que muchas personas impuntuales no actúan así por desinterés, sino porque subestiman de manera sistemática cuánto tardan en completar una actividad o en llegar a un compromiso.
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La impuntualidad recurrente no siempre es sinónimo de desinterés. A menudo está vinculada a lo que se conoce como planning fallacy: la tendencia a calcular de forma excesivamente optimista el tiempo necesario para realizar una tarea, pasando por alto los imprevistos. Esa ilusión de control puede hacer que alguien llegue tarde incluso cuando su intención genuina es ser puntual.
Por otro lado, estudios en psicología del tiempo evidencian que existe una variabilidad real en la percepción interna del tiempo entre personas. Es decir, algunas “experimentan” el paso del tiempo de manera distinta, lo que puede hacer que subestimen los minutos o no los sientan transcurrir con la misma claridad que otros.
Por qué ser impuntual no siempre significa desinterés
Según DeLonzor, muchas personas viven lo que denomina “síndrome del retraso crónico”: no llegan tarde por rebeldía o apatía, sino porque su forma de percibir y estimar el tiempo se encuentra distorsionada.
La impuntualidad persistente suele ser resultado de una combinación de factores:
- una percepción diferente del tiempo,
- una tendencia a optimizar demasiado las agendas,
- la necesidad de presión o adrenalina para comenzar una tarea,
- y un ritmo interno que no coincide con las exigencias sociales.
¿Cómo viven emocionalmente la impuntualidad estas personas?
Para muchos, llegar tarde no es un acto de desinterés, sino una situación cargada de tensión interna. La impuntualidad suele generar incomodidad, culpa o ansiedad incluso antes de salir de casa. Muchas personas ya saben que llegarán tarde, pero aun así les cuesta modificar el patrón, lo que convierte cada compromiso en un momento de estrés anticipado.
Desde la psicología, estas emociones no necesariamente reflejan irresponsabilidad, sino una forma particular de procesar el tiempo, la autoexigencia y las expectativas ajenas.
En ocasiones, la incomodidad surge simplemente porque la situación se vive con demasiada presión: lo que para otros es una rutina cotidiana, para estas personas se convierte en un escenario de estrés y autorreproche.
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Aunque forme parte de la vida social o laboral, la impuntualidad sigue siendo una experiencia profundamente personal. Por eso, es fundamental comprender qué hay detrás de ella —percepción temporal, ansiedad, falta de organización o saturación emocional— para poder modificarla sin culpa y con estrategias realistas.
Con Información de TN.-



