La Semana Mundial de la Lactancia Materna 2025 llega con un giro histórico: por primera vez en Argentina, se habilita la posibilidad de que algunas mujeres que viven con VIH puedan amamantar. Hasta hace poco, la indicación médica era una prohibición absoluta. Sin embargo, los avances científicos y la defensa de los derechos de las mujeres y las personas gestantes transformaron ese escenario.
“La recomendación general sigue siendo no lactar. Pero si la madre tiene una carga viral indetectable, elige hacerlo y cuenta con el acompañamiento de un equipo interdisciplinario, hoy es posible”, explica la Dra. Soledad Méndez, licenciada en Biología Molecular, doctora en Bioquímica y especialista en lactancia.
De la prohibición a una posibilidad concreta
Durante años, las guías clínicas nacionales e internacionales fueron categóricas: las mujeres con VIH no debían amamantar debido al riesgo de transmisión del virus a través de la leche materna. Pero la evidencia acumulada en la última década mostró que, bajo tratamiento antirretroviral eficaz y ciertas condiciones, ese riesgo se reduce a prácticamente cero.
El nuevo enfoque clínico considera que, si la madre mantiene una carga viral indetectable sostenida y está bajo tratamiento adecuado, puede evaluar la lactancia como una opción segura. El acompañamiento debe comenzar en el embarazo y sostenerse durante todo el proceso de lactancia, con controles permanentes tanto para la madre como para el bebé.
“La decisión final la toma siempre la madre, pero no puede hacerlo sola. Requiere un entorno médico capacitado, comprometido y disponible. Esto incluye infectología, pediatría, obstetricia, ginecología, salud mental y, por supuesto, asesoría en lactancia”, subraya Méndez.

Mucho más que leche: vínculo, autonomía y derechos
Este nuevo paradigma no solo se apoya en la ciencia, también interpela dimensiones profundamente humanas.
“La posibilidad de amamantar impacta en el vínculo madre-bebé, en la autoestima de esa mujer y en su experiencia de la maternidad”, afirma la especialista.
A pesar del cambio, los desafíos persisten. La crisis del sistema de salud puede dificultar el acceso continuo a medicamentos y controles médicos, condiciones esenciales para garantizar una lactancia segura.
Además, la prohibición previa muchas veces se vivía como una pérdida, una exclusión o una frustración. “No se trata solo de alimentar, sino de un derecho emocional, simbólico y afectivo que ahora puede, en algunos casos, ser recuperado”, agrega Méndez.
El acceso real a esta posibilidad también requiere revisar prácticas institucionales y derribar prejuicios. “La decisión de amamantar no puede basarse en el miedo, la culpa o la desinformación. Debe apoyarse en evidencia científica actualizada y en el respeto por la autonomía de la mujer”, destaca.
Una decisión informada, un acto de amor
El mensaje final de la Dra. Méndez es contundente:
“Si una madre con VIH tiene miedo pero desea amamantar, debe saber que no está sola. Si cumple con los criterios médicos y cuenta con apoyo, su deseo es posible. La lactancia también es un acto de amor, y merece respeto, evidencia y contención”.
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Con Información de TN.-




