Tras los 15 años de Sophia, la hija de Jonathan Montenegro y Patricia Schwarzgruber, inició una fuerte polémica entre los actores debido a que la madre de la adolescente no le permitió ver más a su hija desde hace años, situación similar que vive con el padre del segundo hijo de ella.
A esta polémica se unió la primera actriz Daniela Alvarado, quien en principio era amiga de los dos pero con los años desechó a Montenegro y se unió al clan de Schwarzgruber, y en un video en el que rendía honores a Sophia por los 15 años, también tiró varias puntadas al actor con quien protagonizó Voltea Pa´que te enamores.
Montenegro decidió defenderse y le recordó el «puente» que hizo para que él asistiera al bautizo de su hija pero después le cayó con todo. «Gracias a ti, estuve allí. Gracias a tu sensibilidad, a tu valentía, a tu sentido de justicia».
Prosiguió el escrito y afirmó: «tomaste una servilleta y comenzaste a escribirme, con una letra apurada pero un corazón enorme.
No querías que nadie escuchara lo que solo yo debía leer. Enumeraste paso a paso cómo manejar la situación con Patricia, cómo suavizar el conflicto, cómo rescatar mi vínculo con Sophia. No fue un gesto cualquiera. Fue un acto heroico, discreto, pero poderoso. Fue tu segunda intervención y la hiciste porque sabías lo que estaba ocurriendo. Porque trabajábamos juntos, porque conocías mi rutina, mis silencios, mis luchas y cuando Patricia se enteró de que tú me estabas ayudando, te volteó en mi contra. Porque necesitaba aliados.
Y tú eras uno valioso».
En la segunda parte del posteo recordó el dolor que sintió al saber que en una entrevista en el año 2019, habló negativamente del actor: «No me dolió que lo creyeras.
Me dolió que no me llamaras. Que no buscaras una conversación directa. Que no me dieras el beneficio de la duda. Que no protegieras primero nuestra amistad, como yo lo habría hecho contigo».
Finalmente le reafirmó el cariño que siente por la actriz con quien también trabajó en Juana La virgen y le dijo que había venido al mundo para brillar, no para recibir odios.
Escribo para defender a la amiga que un día me enseñó que un simple gesto, como una servilleta, podía convertirse en un poderoso puente.
Un puente que, tristemente, se rompió con demasiada facilidad… Por no haber creído que nuestra amistad era más poderosa que un comentario inducido, manipulado, con claras intenciones de disolver lo que habíamos construido. Y aun así, conservo la memoria de ese gesto. Porque los puentes verdaderos no se olvidan. Se reconstruyen… si hay voluntad».




