Perla Federmann tiene 35 años de edad, es mamá de Leónidas (9) y protagonizó una experiencia que le cambió la vida: gestó por subrogación para una pareja de hombres australianos. Su historia refleja las luces y sombras de una práctica poco común, pero cada vez más visible en Argentina: la gestación subrogada.
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Todo comenzó casi por casualidad. Mientras navegaba en Facebook, se cruzó con una publicación sobre subrogación y notó que cumplía con todos los requisitos:
- Ser mayor de 18 años de edad
- Haber tenido al menos un hijo con vida
- Gozar de buena salud física y mental
- Vivir en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA)
“Pensé: ¿por qué no? Tengo el cuerpo, la capacidad de gestar, y no planeaba volver a ser madre”, recordó Perla. Tiempo antes había intentado donar óvulos, pero fue rechazada por no cumplir con el mínimo requerido. Esa negativa la frustró, pero fue solo un desvío: al mes encontró la propuesta que le cambió el rumbo.
Ingresó al proceso a través de una agencia, que organizó todo: estudios médicos, seguimiento psicológico, traslados, la clínica de fertilización y el lugar de parto. “El análisis psicológico fue exhaustivo y eso me encantó. Entendí que no se trataba solo de estar sana físicamente, sino de estar emocionalmente preparada”.
El embarazo de mellizos y la conexión con los futuros padres
A diferencia de otros casos, Perla no eligió a los futuros padres. “Ya estaban asignados”, cuenta. Se trataba de una pareja australiana compuesta por un psicólogo y un actor de doblaje. No hubo videollamada previa ni entrevistas: el encuentro fue directo, y ella confió en su intuición.
Antes de la transferencia embrionaria, recibió una llamada clave:
—»¿Te animas a llevar mellizos?»
Sin dudar, Perla aceptó. Y acertó: el embarazo fue doble.
Describió esos meses como un proceso lleno de cuidado y emociones: “Fue hermoso. Los bebés se movían muchísimo, la panza parecía una pista de baile. Me sentí acompañada y contenida”. Su hijo Leónidas, diagnosticado con Trastorno del Espectro Autista (TEA), fue parte activa de la experiencia: “Le expliqué que iba a tener una panza con bebés, pero que no serían sus hermanitos. Que yo solo los estaba cuidando para otra familia”.
El niño entendió y la acompañó con madurez: “Me ayudó muchísimo, como un adulto. Fue un proceso hermoso para los dos”.

Perla y su hijo Leónidas durante el embarazo.-
Un parto emotivo y un vínculo que perdura
Una madrugada, Perla sintió que la bolsa se había fisurado. Fue internada y al día siguiente se programó la cesárea. Uno de los padres estuvo con ella en el quirófano. “Me dio náuseas por la anestesia, terminé vomitando y él me limpió la boca y me besó la frente. Fue un gesto muy íntimo, lleno de ternura”.
Los mellizos nacieron sanos, un día antes de las 35 semanas. Pasaron unos días en neonatología, y Perla, junto con los padres, decidió que les donaría leche materna, aunque no les dio el pecho para evitar el apego. “Quería darles lo mejor, incluso después del nacimiento”.
Hoy, los bebés tienen un año y viven en Australia. Perla mantiene el contacto con sus padres: intercambian fotos, mensajes y noticias. “Me preguntan por Leónidas, me cuentan cómo están los chicos. Se formó un vínculo lleno de cariño y humanidad”.

Los papás de los mellizos viven en Australia.-
La compensación económica y el vacío legal en Argentina
Por su rol como gestante, Perla recibió una compensación económica de 12.000 dólares, más un extra por tratarse de un embarazo gemelar. También recibió depósitos mensuales en pesos para cubrir gastos cotidianos y un adicional para alimentación. “La ayuda económica me sirvió, claro. Pero lo más valioso fue la experiencia: me sentí útil, valorada, amada. Y además, pude usar ese dinero para hacer cosas con mi hijo”.
Aunque la gestación subrogada se realiza desde hace años en el país, Argentina aún no cuenta con una ley que regule esta práctica. Esa falta de marco jurídico abre la puerta a abusos, sobre todo cuando hay desesperación o vulnerabilidad.
“La ley hoy solo contempla los casos donde hay un interés genuino en ayudar. Lo ideal sería que la gestante pertenezca al círculo íntimo de quienes buscan tener un hijo, pero también es lícito si ambas partes se conocieron en redes o de otro modo”, explica Florencia Daud, abogada especializada en reproducción asistida.
Perla concluye su relato con una frase que resume su experiencia:
“Yo no presté mi cuerpo. Lo ofrecí con amor, conciencia y alegría. Lo que recibí a cambio fue mucho más que dinero. Aprendí de lo que somos capaces de hacer por otros”.
¿Lo haría otra vez?
Su respuesta es clara: “Sin duda, lo volvería a hacer”.
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Con Información de TN.-




