La relación entre la policía y la democracia ha sido históricamente compleja. En tiempos pasados, la palabra «democracia» era considerada subversiva, mientras que la «policía» evocaba orden, autoridad y, en algunos casos, autoritarismo.
Según el autor especialista en derecho constitucional, Germán Bidart Campos, «La policía es un instrumento del Estado para mantener el orden y la seguridad, pero también debe ser un servidor de la comunidad, respetando los derechos humanos y las libertades fundamentales» ( Campos, 2019).
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En la actualidad, es imperativo que las autoridades gubernamentales y la sociedad democrática organizada trabajen juntas para escribir una nueva historia de la función policial. Una historia que reivindique el servicio esencial de la policía para cualquier comunidad: la del orden, entendido no como avasallamiento de la dignidad humana, sino como garantía de los derechos de todos los ciudadanos, sin distinción de ninguna clase.
Para lograr esto, es necesario que la policía sea transparente, profesional y respetuosa con los derechos humanos. También es fundamental que la sociedad civil esté involucrada en la formulación de políticas de seguridad y en la supervisión de la actuación policial.
En palabras de Bidart Campos, «La policía debe ser un instrumento al servicio de la democracia, y no un instrumento de represión» (Bidart Campos, 2019).
La función policial en la democracia es un desafío vigente. Es hora de que las autoridades gubernamentales y la sociedad democrática organizada trabajen juntas para crear una policía que sea respetuosa con los derechos humanos, sea también transparente y profesional, esto sin duda redundará en la obtención de una mejor seguridad ciudadana.
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Dr Braulio Seijas.–

