Según datos de las principales plataformas de Internet, el número de selfies subidas por año aumentó drásticamente durante la última década. Por ejemplo, Google estimó una carga anual de aproximadamente 24 mil millones de imágenes en 2019.
Pero, además de forma, hay una intención. Hay un mensaje que se lee detrás de la imagen. Es allí donde un equipo de científicos alemanes ha puesto el foco para intentar comprender qué se dice cuando se comparte una selfie.
Tobias Matthias Schneider y Claus-Christian Carbon, ambos especialistas en psicología de la Universidad de Bamberg en Alemania, se sorprendieron frente a los hallazgos.
«Aunque los autorretratos se realizan desde hace mucho tiempo, los selfies se han vuelto populares. Casi todo el mundo ha hecho una. La técnica ha cambiado pero se han conservado partes de lo que queremos expresar», señala Carbon.
Y continúa: «Siempre fueron una herramienta para contar algo sobre nosotros, pero, por supuesto, en la era del retrato anterior, estábamos limitados en la cantidad que podíamos producir, por lo que los estados típicamente de corta duración se representaban potencialmente con menos frecuencia que hoy, donde tienes el privilegio de mostrar todo tipo de estado sin demora».
“Difundir selfies es hoy en día uno de los principales medios para comunicar sobre el cuerpo –explica Tobias Matthias Schneider– imágenes, nuestra apariencia física, pero existe detrás algo más trascendente que es la imagen mental de sentimientos, percepciones, pensamientos y creencias sobre uno mismo que se expresan en las fotos».
Los autorretratos creados con dispositivos digitales son la herramienta básica con la que crear identidad digital que los usuarios utilizan para distintas plataformas digitales, desde su perfil laboral en Linkedin hasta portales de citas. Los científicos de este estudio se concentraron en cómo los individuos crean su “marca”.
«La mayoría de las investigaciones abordan factores visuales directos, descuidando los asociativos que los espectadores tienen en mente cuando navegan por nuestro mundo y se encuentran con nuestras selfies –explicó Carbon–. En nuestra nueva investigación utilizamos informes y asociaciones personales para describir y categorizar selfies de forma sistemática”.
Ambos profesionales crearon para su investigación su conjunto de datos de prueba a partir de una base de datos de selfies llamada Selfiecity, utilizando solo autorretratos sin texto, tomados con una cámara móvil, usando las propias manos de un individuo o un palo para celulares. Las 1.001 imágenes que utilizaron como base del análisis se presentaron en un tamaño estándar sobre un fondo gris liso.




