En la guerra de Vladímir Putin contra Ucrania, los ataques contra la ciudadanía son cada vez más mortíferos y contundentes. Dos bombardeos en Kiev y los disparos de soldados rusos para dispersar una manifestación en la ocupada Jersón este lunes evidencian la crudeza de la batalla en medio del estancamiento de las negociaciones. Odesa, en el sur, una ciudad largamente ansiada por Putin y el nacionalismo ruso, ha sufrido su primer ataque, también contra una zona residencial.

En Mariupol, la localidad que se ha convertido en símbolo de la destrucción y el ensañamiento con los civiles en esta guerra que cumple ya 26 días, las tropas ucranias han rechazado rendirse ante el ultimátum que les lanzó Moscú el domingo.

En Járkov, la segunda ciudad del país, ferozmente bombardeada por las tropas de Putin y casi cercada, el Gobierno ucranio acusó a Moscú de secuestrar un convoy humanitario. Las autoridades de Kiev, además, que el Kremlin ha puesto en marcha una estrategia de deportaciones a Rusia de cientos de ciudadanos, incluidos niños. Pese a las evidencias, el Kremlin asegura que no ataca zonas civiles.




