En un mundo cada vez más conectado digitalmente, la soledad se ha convertido en una de las principales amenazas para la salud pública del siglo XXI. La ciencia advierte que el bienestar no depende solo de la alimentación o el ejercicio, sino también de la calidad de los vínculos sociales. La salud, desde una visión integral, involucra al sistema inmunológico, el cerebro y las emociones como un todo interconectado.
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El divulgador y terapeuta Xavi Cañellas ha destacado recientemente cómo el entorno social influye directamente en nuestra biología. Según explica, el ser humano no está diseñado para el aislamiento, y vivir desconectado de los demás puede tener consecuencias tan perjudiciales como otros hábitos considerados nocivos por la medicina.
Desde la psiconeuroinmunología —disciplina que estudia la relación entre mente, emociones y sistema inmune—, el aislamiento prolongado es interpretado por el organismo como una amenaza constante. Esto activa mecanismos de estrés que, con el tiempo, deterioran la salud y aumentan el riesgo de mortalidad.
De acuerdo con el especialista, el impacto de la soledad en la salud puede ser comparable al de fumar quince cigarrillos al día o padecer alcoholismo. Sin embargo, no se trata únicamente de estar solo, sino de la ausencia de vínculos significativos. La clave no es acumular interacciones superficiales, sino construir relaciones en las que exista escucha, comprensión y apoyo.
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“Sentir que podemos hablar con alguien tiene efectos medibles en el cuerpo”, afirma Cañellas. Las relaciones saludables fortalecen el sistema inmunológico y contribuyen a una mejor regulación del estrés.
Con Información de 2001online.com.-




