Mientras el ciudadano de a pie en Venezuela continúa enfrentando las consecuencias de años de contracción económica, hiperinflación, sanciones y los estragos de los recientes sismos ocurridos en junio, una burbuja de opulencia se instaló en la capital. Decenas de ejecutivos internacionales se dieron cita en el exclusivo Caracas Country Club para un torneo de golf, marcando la antesala de una conferencia de petróleo y gas con entradas agotadas.
La llegada masiva de unos 650 ejecutivos locales y extranjeros, funcionarios de gobierno y diplomáticos —sumados a una lista de espera de más de 150 personas— generó un problema insólito para los organizadores: la escasez de equipos deportivos de alta gama en un país profundamente golpeado por la crisis.
“Contactamos a todos los clubes y tiendas de golf para encontrar palos”, expresó Alex Moulds, de la firma londinense Global Event Partners Ltd., al detallar que debieron pedir prestados y comprar de urgencia diversos juegos para cubrir la demanda del torneo.
Por su parte, María Fernanda Núñez, directora del negocio tradicional Morsa’s, explicó la magnitud del desafío logístico en el mercado local: “Necesitaban todo de inmediato, algo difícil aquí, porque la gente se hace una prueba para elegir los palos y luego los encarga”. Ante la falta de equipos en los tres principales clubes privados de la ciudad, los magnates debieron recurrir a compartir implementos, una situación inusual para los estándares de los jugadores experimentados.
Este despliegue de poder y negocios petroleros se produce en el marco de la Cumbre Internacional de Petróleo y Gas de Venezuela, un evento que encaja con las iniciativas orientadas a la reactivación de la industria de hidrocarburos en el país, atrayendo a gigantes corporativos como ExxonMobil, TotalEnergies, Repsol, Siemens y UCC Holding, impulsados por un mercado energético global presionado por conflictos internacionales.
Mientras las altas esferas de la industria energética global compiten en los greens de Caracas, la realidad del venezolano promedio contrasta drásticamente con este escenario de exclusividad, evidenciando una vez más las profundas brechas sociales y económicas que atraviesan el país.




