Mikaela Zárate Rojas tiene 12 años de edad, nació en Caracas, Venezuela, y llegó a la Argentina en 2018 con apenas tres años de edad. Casi nueve años después, ha desarrollado toda su vida, sus vínculos y su carrera deportiva en el país. Hoy es campeona metropolitana en la disciplina de gimnasia rítmica en conjunto; sin embargo, un obstáculo legal frena su proyección internacional: al ser menor de edad, las normativas vigentes le impiden nacionalizarse, lo que a su vez le prohíbe integrar la selección nacional argentina.
La historia de Mikaela con la gimnasia rítmica comenzó durante la pandemia. Lo que inició como una actividad de descubrimiento se convirtió rápidamente en una vocación. Tras un arduo entrenamiento en el Club Estudiantil Porteño (CAEP), su talento y disciplina la llevaron a destacar tanto en la modalidad individual como en conjunto, obteniendo los primeros puestos en su categoría y consolidándose como campeona metropolitana junto a sus compañeras.
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A los 10 años, su rendimiento le valió una convocatoria formal para integrar la selección nacional de gimnasia rítmica de Argentina. No obstante, el sueño se vio abruptamente interrumpido: al no contar con la nacionalidad argentina y existir la imposibilidad legal de tramitarla por ser menor de edad, tuvo que ser dada de baja del equipo representativo.
«Para Mikaela fue un golpe sumamente duro. Ella se formó aquí, creció aquí y sueña con viajar y representar al país junto a sus compañeras de equipo. Para el conjunto, ella es una pieza fundamental, pero la normativa actual la deja sin la oportunidad de competir internacionalmente» señala su madre, Mónica.
Esta situación no solo afecta a Mikaela, sino que visibiliza la realidad de diversos atletas migrantes en el país que, habiéndose formado deportivamente en Argentina y contando con un arraigo total, ven limitadas sus posibilidades de desarrollo hacia el nivel élite debido a restricciones migratorias y federativas ligadas a la nacionalidad.
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A pesar de las barreras regulatorias, Mikaela continúa entrenando diariamente en el Club Estudiantil Porteño, compitiendo en el circuito local y persiguiendo su meta de alcanzar el nivel élite en la gimnasia rítmica, a la espera de que se generen alternativas o excepciones normativas que le permitan representar en la pista al país donde se ha criado.




