La reciente ola de calor que afectó al continente europeo a finales de junio ha dejado un saldo provisional de más de 3.000 muertes adicionales entre Francia y Bélgica, consolidándose como el fenómeno climático más intenso jamás registrado en la región.
Expertos de la red World Weather Attribution han señalado que este evento extremo habría sido «prácticamente imposible» en junio sin la influencia directa del cambio climático. Durante la segunda quincena del mes, aproximadamente 410 millones de personas —dos tercios de la población europea— experimentaron temperaturas superiores a los 35° C.
Balance de mortalidad por país
- Francia: La agencia de salud pública reportó un incremento de la mortalidad de casi el 30%, equivalente a 2.025 fallecimientos adicionales. Las autoridades advierten que esta cifra, basada en certificados electrónicos, es una estimación a la baja.
- Bélgica: El gobierno federal informó un repunte del 39% en la mortalidad, contabilizando 1.222 muertes adicionales entre el 18 y el 29 de junio, calificando el fenómeno como «excepcional».
Medidas de emergencia
Ante el crítico aumento de decesos en hogares, el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, ha propuesto la creación inmediata de una red nacional de centros de protección para personas vulnerables.
Francia ha registrado su junio más cálido desde que existen datos, con una temperatura media de 22,7° C (3,8° C por encima de la media). Por primera vez desde 2004, gran parte del territorio fue puesto bajo alerta roja.
Crisis climática y medioambiental
El impacto no se limitó a la salud humana. Las condiciones climáticas han exacerbado la crisis medioambiental:
- Incendios: Cientos de efectivos combaten el incendio más grande de la temporada cerca de Narbona, Francia, con 950 hectáreas consumidas.
- Sequía: En Italia, la región de Véneto ha declarado el estado de emergencia por la escasez de agua, mientras que en Lombardía existe una creciente preocupación por las graves consecuencias en los cultivos agrícolas.
Los científicos advierten que las emisiones de gases de efecto invernadero están haciendo que estas olas de calor sean cada vez más frecuentes, prolongadas e intensas, exigiendo una respuesta estructural a nivel continental para proteger a las poblaciones más frágiles.




