Una venezolana que imparte clases de música hizo publicidad por redes sociales, fue contactada el domingo desde un número de Colombia. Se trataba de un sujeto llamado Diego, con acento colombiano y le dijo que quería clases para sus dos hijas. Ella le respondió que se encontraba en Buenos Aires a lo que el hombre le dijo que el martes llegaría a la ciudad, así que le quedaba perfecto.
El contacto lo mantuvieron por esos días y aunque la mujer, quien no se identificará por seguridad, tuvo sospechas, siguió hablando con el hombre, quien le pidió hasta su DNI y el de la persona que la trasladaría por temas de «seguridad», a lo que accedieron y acordaron hacerlo para el miércoles a las 07:00pm
Ese día, la profesora de canto fue con otra mujer venezolana, quien vive en Argentina sola con su hijo adolescente. Emprendieron camino hacia Cañuelas, partido de Ezeiza. El hombre les pidió la ubicación en tiempo real.
Momento en que las víctimas iban camino al lugar del secuestro pic.twitter.com/IcB6Ukkd3H
— ES RE VIRAL (@esreviral) May 21, 2026
«Pero no era cerca, era algo muy lejos, incluso ningún chofer me quería llevar pero nosotras fuimos arriesgadas y arrancamos. Pasamos varias carreteras de piedras, no se veía vida por ahí. En el camino hubo dos camionetas que parecían escoltarnos, estábamos un poco nerviosa pero imaginamos que era por todo lo que se mostraba en torno a Diego. Finalmente a las 07:04pm llegamos al sitio. Nos detuvimos frente a un portón y llamamos».
Cuenta que ahí inició la comunicación vía telefónica con un sujeto llamado Camilo, quien se suponía era el jefe de seguridad. «Él al parecer no sabía que íbamos, incluso se mostró un poco molesto porque Diego no le había informado. En eso nos pidió prender la cámara. Ya todo estaba oscuro y no se veía nada. Ahí aparecieron unos hombres encapuchados y nos dijeron que se trataba de un secuestro».
Las mujeres se asustaron y aunque quisieron emprender huída ellos les dijeron que no. «Fueron horas desesperantes. Comenzaron a preguntarnos los números de nuestra gente cercana, la chica que andaba conmigo les dijo que ella vivía sola con su hijo adolescente y yo le di el número de una amiga a quien llamaron y le pidieron seis mil dólares en principio. Mi amiga les dijo que no tenía dinero para eso».

Cuenta la víctima que intentó sacar otro teléfono y ellos se dieron cuenta, «tenían como un detector en el ambiente, no sé. Cada minuto pensaba que saldrían los hombres y nos harían algo malo. Nos decían que eran del Cartel de Jalisco y que al rededor de donde estábamos habían sembradíos de marihuana y cocaína».
Con el transcurrir de las horas también lograron comunicarse con otros familiares y al ver que nadie tenía el dinero, bajaron la cifra a 500 dólares.
La amiga de la víctima denunció en la policía de la Provincia de Buenos Aires, quienes tras una serie de preguntas, iniciaron las averiguaciones, dieron parte a un fiscal del Ministerio Público y al grupo Antiextorsión.
Seguía transcurriendo el tiempo y no había solución, las amenazas cada vez eran mas fuertes. «Aproximadamente a las 10:00pm, se acercaron siete perros grandes, ellos afirmaron que eran de su propiedad pero en realidad era por un auto sin luces que llegó al sitio y el miedo aumentó. El conductor de acento argentino, nos preguntó que si estábamos bien a lo que respondimos que sí pero le pelamos los ojos y le hicimos la señal de auxilio. Ahí decidimos cortar la llamada y le contamos todo, a lo que él nos dijo que lo siguiéramos».
Ellas tenía la opción de confiar pero también pensaron que podría ser su final. Decidieron confiar y seguirlo ya que el hombre al parecer, era de la zona y conocía la carretera. Efectivamente, las llevó hasta la ruta y lograron salir, justo en ese momento, la policía ya iba al rescate de ella porque lograron triangular las llamadas y saber la ubicación.
Posteriormente, hicieron la denuncia, declararon lo ocurrido y se inició una exhaustiva averiguación del caso. «Nos dijeron que era un secuestro extorsivo, una modalidad que se está viendo mucho ahora en el país. La verdad parecer un guión de película pero éramos dos mujeres aterradas frente a un portón, dentro de un auto pensando que en algún momento nos iban a matar. Nunca los vimos personalmente. Ahora en frío pienso que posiblemente son delincuentes que están dentro de una cárcel, me averiguaron y yo caí».



