María de los Ángeles Madriz, nació en Punto Fijo, estado Falcón, en las costas venezolanas pero su vida dio un giro en 2019 cuando arribó a Neuquén junto a su pareja, Rosalba, tras un viaje por tierra de once días. Lo que comenzó como una visita de apenas tres meses terminó convirtiéndose en un cambio de vida definitivo.
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A pesar de haber podido elegir la capital, Buenos Aires, su rumbo fue Neuquén, en el sur del país donde hicieron vida.
“Nos dijeron que si tomábamos agua del río Limay nos íbamos a quedar. No hizo falta”, declaró Madriz a lmneuquen.com. La calidez con la que fueron recibidas bastó para transformar ese viaje temporal en un nuevo hogar. “Nuestro latir ya es neuquino”, afirmó.
El camino no fue sencillo. Al llegar consiguieron trabajos informales en carritos de comida, pero la pandemia de 2020 cambió todo. Sin ingresos y en un contexto incierto, decidieron reinventarse.

Así nació “Que viva la arepa”, primero desde su casa y con un menú reducido. Poco a poco, el boca a boca hizo crecer el emprendimiento. Con el fin de las restricciones, dieron el salto al patio gastronómico de la Feria de Parque Central, donde comenzaron a consolidarse.
Actualmente no sólo gozan de los ricos sabores criollos, como la típica Reina Pepiada sino que combinaron la arepa con sabores argentinos como la bondiola. “Recomendamos no exagerar la primera vez, pero hay clientes que se animan a todo”.
Aunque el nombre destaque a la arepa, el menú también incluye pepitos, hamburguesas y otros platos venezolanos.

Antes de emigrar, Ángeles trabajaba en PDVSA y Rosalba en el área administrativa de una empresa. Tenían estabilidad, pero la situación en Venezuela las llevó a tomar la difícil decisión de irse.
“Siempre decía que no sabía quién era más valiente: el que se queda o el que se va”, reflexiona. Migrar implicó dejar atrás familia, recuerdos y una vida construida. Uno de los momentos más duros llegó durante la pandemia, cuando la madre de Ángeles falleció y no pudo despedirse.
A pesar de ese dolor, Neuquén se convirtió en el lugar donde pudieron reconstruirse. Allí se casaron, formaron una familia y tuvieron a su hija mediante un tratamiento de fertilidad. “Neuquén nos dio bendiciones”, resumió.
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El próximo paso es claro: abrir su propio local. Mientras tanto, retomaron el servicio a domicilio y continúan apostando a crecer.
“Trabajamos con el corazón”, dice Ángeles. Y esa esencia se refleja en cada plato: no solo ofrecen comida, sino también una historia de esfuerzo, identidad y sueños que cruzaron fronteras.
Con Información de lmneuquen.com.-




