“Hoy en día, tu teléfono móvil tiene más potencia computacional que toda la NASA en 1969, cuando envió por primera vez a dos astronautas a la Luna”.
La frase, atribuida al físico y divulgador científico Michio Kaku, puede ser matizada —e incluso cuestionada— dependiendo de cómo se mida esa “potencia computacional”.
Lo que sí resulta indiscutible es que la tecnología ha evolucionado de forma exponencial desde que Neil Armstrong dio su histórico “pequeño paso para el hombre” durante la misión Apolo 11 en 1969.
En total, 24 astronautas de la NASA viajaron a la Luna en el marco del programa Apolo. Sin embargo, desde 1972 ningún ser humano ha vuelto a pisar su superficie.
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Y, por ahora, eso no cambiará.
Aunque la misión Artemis II, que despegó este miércoles desde Florida, es considerada histórica, ninguno de los cuatro astronautas a bordo descenderá en la Luna. Para que eso ocurra, habrá que esperar al menos hasta Artemis IV, prevista para 2028.
El cronograma, además, es incierto. Artemis II estaba originalmente programada para noviembre de 2024, pero sufrió retrasos por diversos problemas técnicos.
Durante los 10 días de misión, los astronautas Reid Wiseman, Christina Koch, Victor J. Glover y Jeremy Hansen orbitarán la Luna a bordo de la nave Orión y realizarán maniobras clave de cara a futuros alunizajes. Estas pruebas también serán fundamentales para Artemis III, cuyo lanzamiento está previsto para el próximo año.
Surge entonces una pregunta inevitable: ¿por qué tantas pruebas para lograr algo que Estados Unidos consiguió hace más de medio siglo?

La llegada del ser humano a la Luna fue una hazaña difícil de dimensionar. Incluso palabras como “histórica” o “extraordinaria” resultan insuficientes.
Neil Armstrong es considerado una de las figuras que trascenderán siglos, pero su logro fue el resultado del trabajo colectivo de miles de científicos, ingenieros y técnicos que hicieron posible que él y Buzz Aldrin caminaran sobre la superficie lunar el 20 de julio de 1969.
Aquel hito se produjo en plena Guerra Fría y representó una victoria clave para Estados Unidos en la carrera espacial frente a la Unión Soviética. Más allá del avance científico, el programa Apolo tuvo un fuerte componente político y propagandístico.
Con el paso del tiempo, los altos costos y el cambio de prioridades llevaron a la cancelación del programa en 1972. Desde entonces, la exploración se centró en objetivos más sostenibles, como la órbita terrestre baja y proyectos como la Estación Espacial Internacional.
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El programa Artemis, lanzado en 2017, busca retomar la exploración lunar con un enfoque distinto: sostenido en el tiempo, con alianzas público-privadas y objetivos a largo plazo, incluyendo futuras misiones a Marte.
Sin embargo, antes de pensar en ese futuro, el desafío inmediato sigue siendo el mismo que hace más de 50 años: volver a pisar la Luna.
Con Información de BBC News Mundo.-




