KQA.- El talento venezolano continúa abriéndose camino en el deporte argentino. Eduardo Alexander Rojas Díaz, un joven de 11 años de edad nacido en Caracas, fue seleccionado para formar parte del Club Ciudad de Buenos Aires, considerado uno de los más importantes del país en el desarrollo del voleibol.
Rojas vive junto a su familia en San Andrés, en la provincia de Buenos Aires, desde hace nueve años, luego de que sus padres emigraran desde Venezuela. Aunque su historia con el voleibol es reciente, su dedicación y disciplina ya comienzan a rendir frutos.
El joven comenzó a practicar este deporte en junio de 2025, cuando acompañó a su madre al Club San Andrés para buscar alguna actividad deportiva. Fue allí donde descubrió su interés por el voleibol. “La pasión simplemente apareció cuando fui con mi mamá al club a ver qué deporte podía hacer y me gustó el voleibol”, contó.
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Su talento comenzó a hacerse notar ese mismo año durante un campus deportivo organizado por el Club San Andrés, donde los monitores pertenecían al Club Ciudad de Buenos Aires. Impresionado por el nivel y la exigencia de ese equipo, Eduardo decidió presentarse a una prueba en diciembre de 2025, logrando ser seleccionado.
Actualmente, el joven jugará en dos categorías del club: Sub 12 y Sub 13, ambas en la denominada “tira A”, un logro poco común para un deportista de su edad. “Me parece una gran oportunidad que no muchos logran. Con 11 años de edad me siento muy afortunado”, expresó.
Dentro de la cancha, Eduardo se desempeña en varias posiciones según lo requiera el equipo, entre ellas opuesto, punta y líbero. Sin embargo, asegura que lo que más disfruta es simplemente estar jugando. “El simple hecho de estar en la cancha me hace muy feliz”, afirmó.
Su rutina deportiva es exigente. Entrena tres veces por semana, combinando una hora de preparación física y dos horas de trabajo en cancha. Dos de esos entrenamientos son con la categoría Sub 12 y uno con Sub 13. “Los entrenamientos son fuertes, efectivos, organizados y se aprende muchísimo”, explicó.

Como muchos jóvenes migrantes, el proceso de adaptación también ha sido parte de su historia. Para Eduardo, uno de los mayores retos ha sido “encajar”, aunque asegura que el deporte le ha permitido construir nuevas amistades. “Lo más bonito ha sido compartir con nuevos compañeros y sentir su apoyo”, señaló.
A pesar de las exigencias deportivas, el joven mantiene el equilibrio con sus estudios gracias a la disciplina y al acompañamiento constante de sus padres.
Entre sus referentes dentro del voleibol se encuentran el japonés Yuji Nishida, a quien admira por su disciplina, explosividad y humildad, y el argentino Manu Albrecht, por su historia, versatilidad en el juego y sus consejos.
Hasta ahora, el momento más especial de su carrera ha sido precisamente su ingreso al Club Ciudad de Buenos Aires. “Ser aceptado por el mejor club de Argentina es el resultado de mi disciplina y esfuerzo”, destacó.
De cara al futuro, su meta inmediata es tener un buen desempeño con el equipo Sub 12 durante esta temporada. Sin embargo, su sueño va mucho más allá: convertirse en jugador profesional y competir en la Volleyball Nations League (VNL).

El respaldo de la familia
Para sus padres, el logro de Eduardo representa un motivo de orgullo y también la recompensa a años de esfuerzo familiar.
“Nos sentimos muy orgullosos porque sabemos que en este club podrá desarrollarse como jugador y deportista, ya que sus entrenadores tienen mucho conocimiento y pedagogía”, señalaron.
El camino, sin embargo, no ha sido sencillo. La familia recuerda que el proceso de migración implicó importantes desafíos, tanto emocionales como económicos. “Ha sido un proceso difícil de adaptación. Abandonar nuestras raíces, adoptar una nueva cultura y hacer que él se sienta bien con todo lo nuevo ha sido nuestro mayor reto”, explicaron.
Para apoyar el sueño deportivo de su hijo, han tenido que realizar varios sacrificios, entre ellos cambiar de domicilio, de colegio y reorganizar sus horarios de trabajo.
A pesar de las dificultades, aseguran que ver a su hijo crecer dentro del voleibol argentino hace que todo valga la pena. “Sabemos de su entrega, de su esfuerzo y también de sus frustraciones, pero siempre sigue adelante. En Argentina el voleibol tiene mucho apoyo y desarrollo, y es un placer que nuestro hijo esté en uno de los mejores clubes”.
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Finalmente, enviaron un mensaje a otras familias migrantes con hijos que sueñan con el deporte: “Que no duden jamás en apoyarlos. Que los acompañen en ese proceso y confíen en que, si a ellos les gusta y lo disfrutan, ese puede ser su camino. Lo más importante es que sean felices”.




