El gobierno de Donald Trump ha desarrollado una serie de opciones para una posible intervención militar en Venezuela, que incluyen desde ataques a unidades de protección de Nicolás Maduro hasta la toma de campos petroleros, según confirmaron funcionarios estadounidenses citados por The New York Times.
Aunque el expresidente aún no ha tomado una decisión definitiva, asesores cercanos como Marco Rubio y Stephen Miller impulsan medidas más agresivas con el objetivo de forzar la salida de Maduro del poder.
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Tres planes en análisis
De acuerdo con fuentes consultadas, la Casa Blanca estudia tres escenarios posibles.
- Ataques aéreos selectivos: dirigir bombardeos contra instalaciones militares venezolanas presuntamente vinculadas al narcotráfico, con el fin de debilitar el respaldo castrense a Maduro.
- Operaciones especiales: ejecutar misiones encubiertas para capturar o eliminar al mandatario, bajo el argumento de que encabeza una organización narcoterrorista, según la postura del Departamento de Justicia.
- Control de zonas estratégicas: desplegar tropas para tomar aeródromos y campos petroleros considerados de alto valor geopolítico, una acción de alto riesgo que implicaría presencia terrestre sostenida.
Aunque Trump ha mostrado reservas ante cualquier maniobra que implique riesgo para tropas estadounidenses o un fracaso político, el despliegue militar en el Caribe se ha intensificado en los últimos meses.
Escalada militar en el Caribe
El portaaviones USS Gerald R. Ford, con más de 5.000 tripulantes y 75 aeronaves de combate, se dirige a la región, mientras que unos 10.000 militares estadounidenses ya operan desde bases en Puerto Rico y a bordo de buques de guerra.
El Pentágono ha realizado vuelos de bombarderos B-52 y B-1 cerca de las costas venezolanas, junto con maniobras del 160º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales, en lo que funcionarios califican como una campaña de presión psicológica sobre el gobierno de Maduro.
Simultáneamente, Trump habría autorizado a la CIA a desarrollar operaciones encubiertas, que incluirían tareas de inteligencia, sabotaje e intentos por fomentar divisiones dentro del oficialismo venezolano, aunque sin garantías de éxito.
Fundamento legal y tensiones internas
El Departamento de Justicia trabaja en una justificación jurídica que permita a Trump actuar sin aprobación del Congreso, amparándose en la designación de Maduro como jefe del “Cartel de los Soles”, calificado por Washington como grupo narcoterrorista.
La Casa Blanca también amplió las facultades presidenciales para el uso de drones contra presuntos narcotraficantes, una decisión que generó críticas bipartidistas por la falta de control legislativo.
En medio de la tensión, Trump ha preguntado a sus asesores qué beneficios obtendría Estados Unidos de una eventual intervención, especialmente en relación con las reservas petroleras venezolanas, las más grandes del planeta. Aunque Maduro ofreció concesiones a empresas estadounidenses, incluyendo participación dominante en el sector energético, el expresidente rechazó la propuesta y ordenó acelerar el despliegue militar.
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Por ahora, Chevron es la única petrolera estadounidense que mantiene operaciones en Venezuela, gracias a una licencia especial renovada por la administración Trump. La empresa afirma que su presencia “contribuye a la estabilidad económica local y a la seguridad energética de Estados Unidos”.
Con Información de elnacional.com.-




