“En barrio de ricachones, sin armas ni rencores, es solo plata y no amores”, fue la frase que los boqueteros dejaron en el recordado “Robo del Siglo” al Banco Río, en enero de 2006. Casi dos décadas después, otro mensaje inquietante apareció en una vivienda del Conurbano, firmado por quien hoy es el criminal más buscado de la Argentina: Tony Janzen Valverde Victoriano, alias “Pequeño J”.
“Tu Dios te ama… si te metes conmigo, te metes con Dios”, escribió con marcador negro en la casa de su pareja en Isidro Casanova, donde vivió antes de convertirse en prófugo tras el triple crimen de Florencio Varela.
El joven narco peruano, de 20 años de edad, se sentía intocable. Los investigadores lo describen como un “salvaje” por la brutalidad ejercida contra las víctimas: Brenda del Castillo (20), Morena Verdi (20) y Lara Morena Gutiérrez (15). Aunque se sospecha que no ejecutó los asesinatos directamente, sería el cerebro de una red narco transnacional que utilizaba a terceros para ejecutar sus órdenes, lo que explicaría su falta de antecedentes tanto en Perú como en Argentina.
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El engaño mortal
Las tres jóvenes fueron citadas con la promesa de asistir a una fiesta en Florencio Varela, a cambio de 300 dólares cada una. El 19 de septiembre subieron voluntariamente a una Chevrolet Tracker en La Matanza. Horas después, el vehículo apareció incendiado.
El miércoles 24, tras días de búsqueda, la Policía halló sus cuerpos enterrados en la misma casa donde habían sido convocadas. El detalle que permitió dar con el lugar fue el teléfono de Lara, que seguía emitiendo señal en la zona.
Ese mismo día, el ministro de Seguridad bonaerense, Javier Alonso, nombró por primera vez a “Pequeño J” como sospechoso, aunque entonces solo se conocía su apodo.

El hallazgo en Isidro Casanova
Gracias al testimonio de una testigo clave, la Policía llegó el viernes 26 a una vivienda en Isidro Casanova, donde Valverde había residido. Allí encontraron una pistola Glock escondida en un colchón, municiones, pasaportes de Argentina y Perú, además de comprobantes de transferencias en dólares hacia La Libertad, Perú, su región de origen.
También había fotos suyas y de familiares, lo que permitió confirmar su identidad. Un investigador lo describió como “escurridizo”, con movimientos frecuentes entre La Matanza, Florencio Varela y los barrios porteños 21-24, 1-11-14 y Zavaleta.
La captura en Perú
La persecución finalizó con un trabajo conjunto entre la Fiscalía de Homicidios de La Matanza, la DDI y la Interpol. El rastro de su celular —el mismo que usaba en Argentina— permitió seguirlo hasta Lima, Perú, donde cayó junto a su mano derecha, Matías Agustín Ozorio (28).
Ozorio, al ser detenido, intentó desligarse: “Nos culpan de todo, pero no matamos a nadie”, dijo mientras era trasladado. Las autoridades peruanas ahora evalúan su expulsión, mientras que “Pequeño J” enfrentará un proceso de extradición a la Argentina.
Otro de los implicados, Lázaro Víctor Sotacuro (41), había sido detenido en Villazón, Bolivia, cuando intentaba huir tras cruzar desde Jujuy.
Una red criminal
Con estas detenciones, ya son nueve los arrestados por el caso. Entre ellos:
- Magalí Celeste González Guerrero (28) y Miguel Ángel Villanueva Silva (25), dueños de la casa del crimen.
- Daniela Iara Ibarra (19) y Maximiliano Andrés Parra (18), sorprendidos cuando limpiaban la escena.
- Ariel Giménez (29), señalado por cavar la fosa donde enterraron los cuerpos.
- Florencia Ibáñez (30), sobrina de Sotacuro, detenida en el auto de su tío.
El triple femicidio de Florencio Varela expuso la brutalidad de una red narco con conexiones internacionales y dejó al descubierto a un joven que se creía intocable, pero cayó por un descuido casi infantil: usar el mismo teléfono con el que operaba en Argentina.
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Con Información de clarin.com.-




