Cada día, más de 12 millones de estudiantes argentinos y venezolanos llegan a sus escuelas para encontrarse con sus docentes. Sucede tanto en grandes ciudades como en los parajes más remotos del país. Allí, un gran maestro o maestra reconoce lo que cada estudiante es capaz de ser y, con su labor, transforma vidas. Es una hazaña silenciosa, pero de impacto profundo y duradero.
Por eso, Fundación Varkey, junto con MDZ y otras organizaciones aliadas, lleva adelante la tercera campaña nacional de vía pública que busca visibilizar la importancia de la labor docente, a través de historias y rostros reales. Cada año, la campaña alcanza a más de 20 millones de personas, con el objetivo de que la sociedad reconozca y valore a los grandes docentes.
Gracias a la convocatoria, donde cualquier persona puede nominar a un docente que haya marcado su vida, más de 200 nombres fueron enviados. Un comité de Fundación Varkey seleccionó a cinco finalistas, cuyos rostros se exhibieron en miles de espacios de vía pública durante septiembre, mes de la educación. Los docentes destacados en 2025 son:
ÚNETE A NUESTRO GRUPO DE WHATSAPP PARA ESTAR INFORMADO
- Jackeline Hernández, de Capital Federal (oriunda de Venezuela)
- Julieta Moreno, de Mendoza
- Jonatan Emanuel Fernández, de Santa Fe
- Olga Patricia Amaya, de Tucumán
- Julieta Verónica Ursagaste, de Jujuy
Agustín Porres, director regional de Fundación Varkey, afirmó: “Tenemos que poner a los grandes docentes en nuestra conversación cotidiana. Muchas veces, cuando hablamos de educación, nos centramos en sus problemas. No quiero decir que haya que ignorarlos, pero debemos dejar de glorificar el fracaso y reconocer al gran docente que tenemos cerca. Si queremos transformar la sociedad, empecemos por la educación: escuchemos a los docentes, acompañemos su trabajo y reconozcamos su tarea”.
Las historias de los docentes destacados en 2025
Jackeline Hernández, maestra venezolana en CABA
“La educación es un lugar y un momento donde todos vivimos, pero nadie lo hace tangible; existe y no se viraliza”, dice Jackeline Hernández, quien convirtió su vida en un viaje pedagógico lleno de desafíos.
Desde niña soñaba con enseñar. En la finca de sus abuelos, transformaba un quincho en aula improvisada y jugaba con sus primos a ser la maestra. A los 15 años de edad comenzó a dar catequesis en la iglesia y, a los 18, decidió estudiar Educación, convencida de que su vocación infantil podía convertirse en una carrera de vida. A los 20 años de edad ya enseñaba en escuelas privadas de Venezuela.
En 2017, en medio de la crisis de su país, emigró a Argentina en busca de oportunidades profesionales y cercanía cultural. Durante tres años trabajó en empleos ajenos al aula, hasta que en 2020, gracias al programa Enseñá por Argentina, pudo volver a la docencia. Hoy cursa la acreditación de saberes en UNICABA y le restan solo cuatro materias para terminar.

Su carrera dio un giro al ganar una convocatoria para enseñar en comunidades rurales del Chaco, donde recorrió hasta 140 kilómetros diarios en moto para llegar a los parajes más alejados. De regreso en Buenos Aires, coordinó proyectos en tres escuelas públicas, reabriendo laboratorios, organizando ferias científicas y promoviendo proyectos de reciclaje y solidaridad.
A sus 40 años de edad, Jackeline define la docencia como un trabajo en equipo, donde cada logro es fruto de la colaboración entre docentes, estudiantes y comunidad. “En Venezuela y en Argentina, lo que más se parece son los chicos: la honestidad, la felicidad cuando aprenden algo nuevo, los ojos que se les iluminan. Eso no cambia nunca y es lo que más me gusta”, afirmó.
Julieta Moreno, docente de Mendoza

Con apenas 19 años de edad, Julieta comenzó como auxiliar en el colegio San Jorge de Mendoza. Su vocación la llevó a dirigir su primer grado a los 20 años, y pronto encontró su lugar en el Centro Educativo San Cayetano, en Colonia Molina, Guaymallén. Allí enseña en un plurigrado a niños que llegan con enormes carencias y realidades complejas.
“Primero hay que ganar la confianza, derribar la coraza que la vida les impuso, y luego podemos acompañar el aprendizaje”, dice. Su enfoque combina paciencia, amor y educación en valores, logrando que sus alumnos aprendan a leer, a expresarse y a creer en un futuro mejor.
Jonatan Emanuel Fernández, docente de Rosario, Santa Fe

A sus 32 años de edad, Jonatan reparte sus días entre dos escuelas, enseñando geografía y promoviendo un taller de Lengua de Señas. Busca que sus alumnos aprendan contenidos significativos y construyan vínculos auténticos. Además, estudia turismo y participa en voluntariados, siempre en movimiento para seguir aprendiendo y enseñando.
Olga Patricia Amaya, docente de Tucumán

Cada mañana recorre 35 km para llegar a la Escuela 142 “Armando Andrés López”, en Ranchillos, donde enseña lengua y matemática a 205 niños. Introdujo títeres, audiocuentos y obras de teatro para alfabetizar de manera creativa y fortalecer la participación de los estudiantes y sus familias. “No solo alfabetiza el maestro, sino toda la comunidad educativa”, afirmó.
Julieta Verónica Ursagaste, docente de La Quiaca, Jujuy
Hace 25 años que enseña en la Puna, transformando escuelas precarias en espacios de excelencia y contención. Hoy dirige la Escuela de Minas Dr. Horacio Carrillo, con 157 estudiantes, combinando exigencia y cercanía, acompañando a cada alumno más allá del aula. “Mi alumno no es un número, es alguien a quien acompañar, guiar y sostener”, aseveró.

ÚNETE A NUESTRO CANAL DE TELEGRAM PARA ESTAR INFORMADO
Con Información de mdzol.com.-




