“Cada persona lleva una cruz”, reflexionó Juanes en el pódcast Más Que Titulares, conducido por la periodista Javiera Quiroga, al recordar cómo las tragedias familiares marcaron su vida y su carrera musical.
En una conversación íntima, el artista colombiano compartió cómo el coma de 27 años y el posterior fallecimiento de su hermana, así como la muerte de su padre y la violencia en Colombia, transformaron su historia personal y artística. La música se convirtió en su refugio y en el motor de su superación.
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Tragedia familiar y música como refugio

Juan Esteban Aristizábal, conocido mundialmente como Juanes, relató el impacto devastador que tuvo en su familia la tragedia de su hermana, quien quedó en coma tras complicaciones en el parto durante casi tres décadas.
“Era nuestra primera nieta, todo era una celebración familiar. Pero ese día, al entrar al hospital, encontré a mi mamá y a mi tía llorando. Ahí comenzó una historia que moldeó mi vida, mi familia y mi música”, recordó el cantante. La familia vivió 27 años de incertidumbre y dolor, hasta que en 2019 su hermana falleció.
“Fue muy triste y muy loco al mismo tiempo sentir que ella falleció y que todos descansamos. Como que todos lo miramos y dijimos: Dios mío”, confesó Juanes, reconociendo que ese episodio marcó un antes y un después en su hogar.
La música como refugio y aprendizaje

Durante esos años difíciles, la música fue el ancla de Juanes. “Me aferraba a la música, a las ganas de hacer mi carrera, de superarme”, explicó. Creció en una familia numerosa y musical en Medellín, donde el arte formaba parte de la vida cotidiana.
Aprendió a tocar la guitarra desde niño, influenciado por sus hermanos mayores, y recuerda con cariño las tardes en la sala de su casa, rodeado de guitarras y canciones populares latinoamericanas. “Desde que tengo razón, estoy tocando la guitarra. No recuerdo cómo aprendí, porque era muy pequeño”, relató.
El papel de sus padres fue fundamental. Su padre, Javier, ganadero y comerciante, apoyó su entusiasmo musical desde el principio: “Mi papá me compró un acordeón porque vio que tenía actitud para la música”. Aunque la relación tuvo momentos difíciles, como una discusión poco antes del fallecimiento de su padre por cáncer cuando Juanes tenía veinte años, el artista reconoció la importancia de ese apoyo y la conexión que aún siente con él: “Siento que tengo una conexión incluso más cercana con él ahora que antes”.
La violencia en Colombia durante los años 80 y 90 también marcó su adolescencia. Perdió a un primo y a un amigo cercano en episodios violentos, y uno de sus hermanos sobrevivió a un intento de robo. “Todos los que tuvimos que vivir nuestra adolescencia en Medellín en los 80, estamos vivos de milagro”, expresó. En ese contexto, la música, especialmente el metal y el rock, se transformó en una vía de escape y resistencia: “La música ha sido la forma de conectarme con la gente, con la realidad, con el mundo”.

Superación personal, éxito y salud mental
El camino hacia el éxito no estuvo exento de dificultades. Tras la muerte de su padre, Juanes migró a Estados Unidos en busca de oportunidades, enfrentando pobreza, soledad y barreras idiomáticas. “Llegué a Los Ángeles sin dinero, sin contrato, viviendo en un motel, solo, deprimido”, recordó.
Durante esos años, el apoyo de su madre, Alicia, fue crucial. “Mi mamá siempre ha sido muy religiosa y nos inculcó la fe. Eso fue muy importante para ese momento de mi vida”, relató. Alicia dedicó décadas al cuidado de su hija en coma y al bienestar del hogar, siendo la columna vertebral de la familia.
A pesar de los obstáculos, Juanes consolidó una carrera internacional con diez álbumes de estudio, veintisiete Grammy Latinos, cuatro nominaciones a los Grammy, once MTV Awards, premios El Nuestro, Gaviotas en Viña, Billboards y el Premio Nacional de la Paz en Colombia, entre otros reconocimientos.
Sin embargo, el éxito también trajo crisis. Durante el auge de su carrera, el artista atravesó episodios de depresión, alcoholismo y vacío emocional. “Llegué a un punto de hastío total, donde odiaba todo lo que hacía, odiaba mi música, odiaba mi cara, odiaba mi voz, me odiaba”, confesó a Javiera Quiroga. Reconoció que la presión de la fama y las giras lo llevaron a perder el control hasta que decidió priorizar su salud mental y su familia: “Lo más valiente que pude hacer fue parar. Me dijeron que estaba loco, pero no me importaba nada más que ir a mi casa, estar con mis hijos, reconectarme y volver a comenzar”.
La recuperación no fue sencilla, pero el ejercicio y el deseo de dar un buen ejemplo a sus hijos lo ayudaron a encontrar equilibrio. “He descubierto algo maravilloso, y es el balance”, afirmó. También reflexionó sobre la importancia del fracaso como aprendizaje: “El fracaso es necesario para aprender, moldear el carácter y ser mejor persona”, recordando que incluso discos menos exitosos, como Parce, le permitieron evolucionar creativamente.
Hoy, Juanes se muestra agradecido por el propósito que la música le dio y el apoyo incondicional de su familia: “No existe la felicidad como un estado constante. Son momentos del día, del minuto incluso. Mantener un balance entre todas esas cosas es lo que he ido aprendiendo”. Para él, el dolor y las dificultades fueron maestros silenciosos que lo impulsaron a crecer y valorar cada etapa de su vida.
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Con Información de Infobae.-




