En el marco del Día Internacional del Orgullo LGBTIQ+, el Centro Venezolano Argentino Araguaney abrió sus puertas al arte, la memoria y la reflexión con un emotivo encuentro cultural que reunió a decenas de personas en torno a una poderosa consigna: celebrar la diversidad también es un acto de resistencia.
Organizado por Alianza por Venezuela, el evento marcó la inauguración de la muestra “No Soy Tu Chiste”, del artista y activista venezolano Daniel Arzola, referente del artivismo gráfico en América Latina. Junto a sus ilustraciones, también se presentó una selección de las obras del artista plástico JAP (José Antonio Perozo), cuya producción explora el desarraigo migrante desde un expresionismo íntimo y vibrante.
La jornada contó con la intervención especial de la activista Manu Mireles, y ofreció un espacio de encuentro con música, reflexión y memoria, reafirmando el compromiso de la organización con la defensa de los derechos humanos de las personas LGBTIQ+, dentro y fuera de Venezuela.
“Esta muestra se alza como una declaración inequívoca: existimos y tenemos derechos. Frente a las narrativas de odio que buscan silenciarnos, el arte nos permite decir con fuerza que no somos chiste ni vergüenza. Somos dignidad”, expresó Julián Ledesma, coordinador de Diversidad de Alianza por Venezuela, durante el acto inaugural.
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Voces aliadas
El evento contó con la presencia del embajador de Francia en Argentina, Romain Nadal, quien expresó su apoyo a la causa y celebró el valor simbólico y político de la muestra: “Debemos multiplicar exposiciones de este tipo, eventos de este tipo, para convencer a nuestra sociedad de que sea completa, inclusiva, con un verdadero pacto social y republicano. Todas las personas deben ser respetadas en sus diferencias. El derecho de amar —amar a quien se quiera y ser quien se es— debe ser un derecho constitucional, no solo inscrito en las leyes, sino respetado en la vida cotidiana de todos”.
También participó la diputada francesa Eléonore Caroit, quien se solidarizó con la comunidad migrante venezolana y destacó la urgencia de defender los derechos humanos en todo el mundo. «Estamos viendo un retroceso fenomenal de derechos en el mundo, y no podemos quedarnos como simples espectadores. Tenemos que actuar”, afirmó.

Representar es resistir
El evento fue también una oportunidad para visibilizar las luchas de las personas LGBTIQ+ venezolanas, especialmente en un contexto nacional donde persisten la discriminación estructural, la falta de reconocimiento legal y la persecución institucional por parte de un régimen que no respeta los derechos humanos.
“En Venezuela seguimos sin leyes que reconozcan el matrimonio igualitario ni el derecho a la identidad de género. Las personas trans y no binarias son criminalizadas, invisibilizadas y perseguidas”, lamentó Alé Yánez, secretaria general de Alianza por Venezuela.
A pesar de este contexto adverso, Yánez resaltó que “desde el exilio, la comunidad migrante continúa creando, resistiendo y alzando la voz. Esta primera muestra artística en el Centro Araguaney no solo inaugura un nuevo espacio de arte y encuentro, sino que reafirma nuestro compromiso con la visibilidad, la cultura y la igualdad”.

“No Soy Tu Chiste”
Daniel Arzola es pionero del artivismo ilustrado. Su serie No Soy Tu Chiste, nacida en 2013 como respuesta a la homofobia, convirtió testimonios reales de violencia en imágenes que confrontan, incomodan y transforman. Traducida a más de 20 idiomas, su obra ha sido difundida en campañas educativas, foros internacionales y reconocida por figuras como Madonna y Naciones Unidas.
Además, parte de su obra está presente de forma permanente en la ciudad de Buenos Aires: en 2017, Arzola intervino la estación Santa Fe – Carlos Jáuregui del subte porteño con un mural de 14 metros, convertido en un ícono del orgullo y la memoria colectiva de la diversidad sexual en Argentina.
Junto a Arzola, el artista plástico JAP, abogado y migrante venezolano radicado en Buenos Aires desde 2018, presentó una selección de su obra expresionista, marcada por la nostalgia, la resiliencia y la reconstrucción del yo migrante. A través de formas abstractas y colores intensos, transforma el dolor de la distancia en piezas que dialogan con lo íntimo, lo político y lo colectivo.




