El cáncer de próstata es el tipo de cáncer más frecuente entre los hombres en América, representando más del 21 % de los diagnósticos oncológicos masculinos. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), fue el segundo cáncer con mayor mortalidad en varones durante 2022, solo superado por el de pulmón.
En Argentina, la tasa de mortalidad por esta causa viene descendiendo, gracias al diagnóstico precoz y a tratamientos cada vez más eficaces. En este contexto, el 11 de junio se conmemora el Día Mundial del Cáncer de Próstata, una oportunidad clave para concientizar sobre factores de riesgo, estrategias de prevención y posibilidades de recuperación funcional tras superar la enfermedad.
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Una enfermedad silenciosa que se puede detectar a tiempo
El cáncer de próstata se desarrolla cuando las células de esta glándula comienzan a crecer de manera descontrolada. En sus etapas iniciales suele ser asintomático, lo que dificulta su detección. Sin embargo, a medida que avanza, puede generar molestias al orinar, disfunción eréctil, dolor en la pelvis y otros síntomas que requieren consulta médica inmediata.
“El cáncer de próstata aparece con mayor frecuencia en hombres mayores de 50 años, y factores como la edad y los antecedentes familiares aumentan el riesgo”, explica el Dr. Ezequiel Becher (M.N. 144228), médico urólogo y especialista en urooncología del Centro de Urología (CDU).
La detección temprana es clave para mejorar el pronóstico. “Es fundamental realizar controles como el análisis de PSA y el examen rectal. Cuando se diagnostica a tiempo, la efectividad de los tratamientos mejora notablemente y la mortalidad disminuye”, agrega el especialista.
Cómo proteger los órganos cercanos durante el tratamiento
Una vez iniciado el tratamiento, uno de los principales desafíos es evitar daños colaterales, especialmente sobre órganos vecinos como el recto. “La radioterapia es un tratamiento muy eficaz, pero debido a la cercanía anatómica con el recto, puede generar efectos adversos en esa zona”, advierte el Dr. Becher.
Una solución innovadora es la colocación de un hidrogel espaciador absorbible entre la próstata y el recto antes de la radiación. Este procedimiento ambulatorio, rápido y seguro, reduce significativamente la cantidad de radiación que recibe el recto.
“El uso del hidrogel permite reducir en un 73 % la exposición del recto a la radiación y disminuye en un 75 % los casos de toxicidad rectal tardía”, señala el urólogo. Además, esta técnica también contribuye a preservar funciones urinarias y sexuales, impactando positivamente en la calidad de vida del paciente.
Después del cáncer: recuperar la calidad de vida
Los tratamientos contra el cáncer de próstata pueden afectar el control urinario y la función eréctil, pero existen soluciones médicas que permiten mejorar ambos aspectos durante la recuperación.
“Con el tiempo, muchos pacientes logran recuperar el control urinario, y quienes conservan los nervios erectógenos pueden recuperar también la función eréctil”, afirma el Dr. Becher. Sin embargo, si persisten las secuelas, hay tratamientos eficaces que mejoran significativamente la calidad de vida.
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Para la incontinencia urinaria, existen opciones como el cabestrillo masculino o el esfínter urinario artificial. En casos de disfunción eréctil persistente, las alternativas van desde medicación oral, dispositivos de vacío e inyecciones, hasta el implante peniano, una solución funcional y estética de alta eficacia.
Con Información de TN.-




