Con la muerte de Jorge Bergoglio, se cierra una era de apertura, austeridad y transparencia en la Iglesia Católica. A pocos meses de cumplir 12 años de pontificado, el papa Francisco deja una huella imborrable, marcada por su esfuerzo desde el primer día por universalizar el poder del Vaticano y reformar una curia históricamente rígida, no sin enfrentar controversias internas.
Bergoglio fue un Papa único e irrepetible. El primero argentino —y por ende latinoamericano— en llegar al trono de Pedro, eligió llamarse Francisco en honor a San Francisco de Asís, símbolo de humildad y sencillez, valores que guiaron todo su pontificado. Desde aquel 13 de marzo de 2013, la Iglesia Católica inició una transformación profunda, pese a la resistencia del sector más conservador del Vaticano, crítico de su estilo de liderazgo. Tal como alentó en las Jornadas Mundiales de la Juventud en Río de Janeiro, Francisco «hizo lío» y llevó la Iglesia a las periferias.
Su fallecimiento deja un vacío enorme, pero también marca el inicio de una nueva etapa basada en sus reformas. Con un estilo simple y cercano, logró conectar como pocos con los fieles de todo el mundo.
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Jorge Bergoglio como monaguillo en el colegio Don Bosco, en Ramos Mejía.
Jorge Bergoglio, el hijo de inmigrantes que eligió ser sacerdote
Jorge Mario Bergoglio nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936. Hijo de inmigrantes piamonteses, fue el mayor de cinco hermanos en una familia de profundas raíces cristianas y herencia cultural italiana. Su abuela Rosa Vasallo fue, según él mismo reconoció, la figura más influyente de su vida.
Desde joven recibió una formación religiosa estricta. Estudió en el colegio Salesiano Wilfrid Barón de los Santos Ángeles, en Ramos Mejía, y luego se graduó como técnico químico en la ETN N.º 27 Hipólito Yrigoyen. Durante esa etapa sintió el llamado vocacional, aunque confesó haber tenido una novia. En su juventud también atravesó una seria afección pulmonar que requirió cirugía.
En 1957, a los 21 años, ingresó al seminario de Villa Devoto y al noviciado de la Compañía de Jesús. Estudió Ciencias Clásicas en Chile y más tarde Teología en el Colegio Máximo de San José, en San Miguel. Fue ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1969, a los 32 años.
Durante los años ’70, fue provincial de los jesuitas argentinos, en plena dictadura militar. En ese contexto, intervino activamente para lograr la liberación de los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics, secuestrados por el régimen. Aunque logró su liberación, años más tarde su actuación sería puesta bajo sospecha, aunque sin consecuencias judiciales. También organizó una red de ayuda a perseguidos políticos y fue testigo en causas por crímenes de lesa humanidad.

Jorge Bergolgio realiza una misa junto a otros curas jesuitas.
Camino al Vaticano
Entre 1980 y 1986, fue rector del Colegio Máximo y párroco en San Miguel. En 1992, Juan Pablo II lo nombró obispo auxiliar de Buenos Aires, y luego arzobispo en 1998. En 2001, fue elevado a cardenal.
Durante sus años como arzobispo, mantuvo un perfil bajo, recorrió villas, viajó en transporte público y se ganó el apodo de “el Obispo de los pobres”. Sus posturas conservadoras frente a temas como el matrimonio igualitario y el aborto lo enfrentaron al kirchnerismo, aunque siempre mantuvo una actitud dialogante.
En 2005 fue considerado papable, pero no resultó elegido. Tras la renuncia de Benedicto XVI en 2013, fue elegido pontífice, convirtiéndose en el primer Papa de América Latina y en el símbolo de una Iglesia que miraba más allá de Europa.

El pontificado de Jorge Bergoglio cambió la Iglesia Católica.
Un pontificado de reformas, cercanía y resistencia
Francisco marcó un antes y un después en el Vaticano. Apostó por una Iglesia austera, transparente y en diálogo con el mundo. Vivió en un modesto departamento de 70 metros cuadrados, no tomó vacaciones y renunció a muchos lujos del cargo. Ordenó una auditoría de las finanzas del Vaticano e impulsó mecanismos contra la corrupción y el abuso dentro de la Iglesia.
Enfrentó con decisión el flagelo de los abusos sexuales, estableciendo protocolos para prevenirlos y sancionarlos. Promovió una mayor participación femenina en el Vaticano: de 846 mujeres empleadas en 2013 se pasó a 1.165, incluyendo cargos sin precedentes como la vicegobernadora del Vaticano y la directora de los Museos Vaticanos.
La reforma de la curia fue una de sus batallas más difíciles. Tocó estructuras milenarias y despertó fuertes resistencias. Su visión de una Iglesia más universal también se plasmó en el colegio cardenalicio, donde redujo el dominio europeo y dio voz a África, Asia y América Latina.
También apostó por una Iglesia más inclusiva: abrió espacios a divorciados, abordó con naturalidad la homosexualidad y promovió el diálogo en cada parroquia. Fue el primer Papa en escribir una encíclica sobre ecología y se mostró firme en su crítica a la cultura del descarte y al capitalismo salvaje.

PAPA ARGENTINO. Jorge Bergoglio asumió como Francisco.
El final de una era
En sus últimos años, su salud se deterioró. Sufrió problemas en la rodilla y fue operado en dos ocasiones por afecciones intestinales. Aunque se mantuvo activo, las dificultades físicas marcaron el ritmo de sus últimos meses.
Con su partida, concluye un pontificado que transformó profundamente la Iglesia Católica. Francisco no solo cambió estructuras: cambió la forma de ser Papa. Su legado será recordado como el de un pastor que prefirió el abrazo al protocolo, el ejemplo a la palabra, y la periferia al centro del poder.




