La cocina del imponente hotel Alvear Palace está revolucionada con la incorporación del pabellón criollo, idea de su chef, Anderson Silva, un joven venezolano de 27 años de edad oriundo de Ciudad Guayana, en el sur del país.
Este hotel, ícono de la elegancia de la ciudad de Buenos Aires, ubicado en el corazón de Recoleta, no sólo ha sido escenario de momentos culturales memorables, como la grabación de canciones por parte de Roxette en 1992, sino también de historias personales que mezclan sabor y nostalgia. Además es el lugar escogido por artistas de talla internacional para pasar sus días en la capital argentina.
Con tan sólo 50 USD, Silva habría llegado a Argentina para iniciar su camino al éxito. A la cocina ingresó como bachero hasta que descubrió en la gastronomía su verdadera pasión.
Su progenitora fue una de las principales familiares que le dieron la idea de incluir el pabellón criollo como parte del menú, aunque parecía algo descabellado, fue muy bien recibido, es así como cada jueves, Silva propone platos nuevos para el brunch dominical de L’Orangerie.
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Pabellón venezolano en el bufet más importantes de Argentina 🇦🇷 pic.twitter.com/SF0eKoWe9J
— A (@andersonjsm) November 17, 2024
Tradición familiar como ingrediente estrella
Silva, quien perfeccionó su técnica culinaria en el Instituto Gastronómico de las Américas, aseguró que su cocina está profundamente influenciada por los sabores de su infancia. «El pabellón de mi mamá es una cosa de locos«, confesó, dejando claro que el amor por sus raíces es el motor de su creatividad.

Anderson Silva se especializó como chef en el Instituto Gastronómico de las Américas.
Nuevos horizontes: hallacas y sueños internacionales
En estas fiestas de Año Nuevo, Silva planea llevar otra joya de la gastronomía venezolana al buffet del Alvear: las hallacas, un plato que para él significa celebración, familia y tradición. Aunque el trabajo es arduo, Anderson lo ve como una forma de compartir su cultura con los exigentes comensales del hotel.
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Con la mirada puesta en el futuro, Silva sueña con estudiar en el extranjero, participar en programas como MasterChef Argentina y, sobre todo, con abrazar nuevamente a sus padres. Mientras tanto, cada plato que envía a la mesa lleva implícita una bandera imaginaria de Venezuela, reflejando su nostalgia y gratitud.
El viaje de Anderson Silva no solo es una historia de éxito personal, sino un ejemplo de cómo el sabor de las raíces puede abrir puertas incluso en los escenarios más exclusivos.
Con información de vpitv.com.-




