Al igual que ocurrió con la ludopatía generada por las apuestas online, la primera señal de alarma por la cosmeticorexia llegó desde las escuelas. A principios de año, un comunicado de la entidad que agrupa a colegios privados ya había identificado el fenómeno. Ahora, la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD) encendió la luz roja: el popular skincare entre adolescentes y niñas puede esconder serios riesgos.
Una práctica que crece sin control
Pediatras y dermatólogos ya están viendo las consecuencias en sus consultorios: un aumento de problemas de piel asociados al uso inadecuado de productos cosméticos y rutinas inapropiadas para niñas. Se trata de menores de tan solo 13 años de edad utilizando productos como ácido hialurónico, exfoliantes, rodillos masajeadores o cantidades excesivas de maquillaje.
Según un documento difundido por la SAD, disponible en su página web, las redes sociales están impulsando a influencers de la Generación Alfa (menores de 13 años de edad) a promover rutinas de cuidado de la piel prematuras. Videos atractivos con envases coloridos y divertidos terminan confundiendo a niñas vulnerables, que desconocen los riesgos detrás de estas prácticas.

Un daño temprano y duradero
Andrea Santos Muñoz, dermatóloga del Hospital Alemán e integrante del Grupo de Trabajo de Acné de la SAD, destaca que la piel de los niños no está preparada para estos productos. Es más fina y sensible que la de un adulto, y además, la mayoría de los productos están testeados en mayores de edad.
“Los productos antiaging contienen ácidos exfoliantes, retinol o retinoides que pueden irritar las pieles prepuberales, causando dermatitis irritativa con síntomas como enrojecimiento, ardor y descamación. También pueden desencadenar dermatitis alérgica por contacto, provocada por alérgenos como fragancias o conservantes”, explica Santos Muñoz.
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Una vez que la piel se sensibiliza, el daño puede ser permanente. “Si alguien desarrolla una alergia a un producto, enfrentará problemas toda su vida. Cada vez que vuelva a estar en contacto con el agente agresor, su piel reaccionará”, advierte la especialista, mencionando como ejemplo las alergias relacionadas con los tatuajes de henna y la parafenilendiamina, un componente altamente alergénico.
Riesgos más allá de la piel
Además de los efectos dermatológicos, los productos de skincare también pueden contener disruptores endócrinos, que interfieren con las hormonas del cuerpo y podrían causar trastornos durante el desarrollo.
Angela Nakab, pediatra de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), advierte que el impacto de la cosmeticorexia no se limita a lo físico. “¿Qué pasa con la imagen y la autoestima de las niñas? Estas prácticas fomentan una obsesión con la estética desde edades tempranas, dejando a las niñas en busca de validación externa y atadas a expectativas irreales creadas por los filtros de Instagram y TikTok”, reflexiona.

Nakab insiste en que la infancia debería centrarse en el juego, el aprendizaje y el desarrollo de habilidades sociales. Sin embargo, la influencia de las redes sociales prioriza la apariencia física por encima de valores como la salud integral, que incluye alimentación balanceada, ejercicio, sueño reparador y relaciones interpersonales.
El rol de los padres y la educación digital
La pediatra subraya la importancia del rol de los padres: “Dejar a una niña de 8 años sola frente a una pantalla es como dejarla caminar sin supervisión por la calle. Las redes sociales son un espacio donde los chicos están expuestos sin filtro al mundo virtual”.
Los especialistas coinciden en que la rutina de higiene para cualquier niño debería ser básica: lavado de dientes, limpieza de la piel, hidratación si es necesario, uso de protector solar y, en ciertas zonas, repelente. Promover hábitos saludables y limitar el acceso indiscriminado a las redes sociales es clave para proteger a las nuevas generaciones de los riesgos de la cosmeticorexia.




