El sábado 10 de agosto, los fieles que asistieron a la Parroquia San Joaquín en Bogotá, Colombia, vivieron un momento milagroso durante una misa oficiada por el padre Juvel Zuluaga Agustino. Al ingresar el sacerdote con el Santísimo para exponerlo sobre el altar, los presentes quedaron asombrados al observar que la hostia en el centro de la custodia palpitaba con fuerza.
Este fenómeno sorprendió tanto al padre como a los asistentes, quienes, conmovidos, comenzaron a rezar mientras el sacerdote sostenía el Santísimo en sus manos. Una mujer inició una oración entre lágrimas: «Alabado seas, nuestro Señor. Ten misericordia, Señor. Perdónanos, Señor. Postrados de rodillas, te damos gracias porque estás aquí presente. Bendito seas, alabado seas, toda la gloria siempre para ti.»
La congregación se unió en oración, pidiendo perdón por sus pecados y rogando por la paz en Colombia y Venezuela. Muchos lloraban, mientras que el padre Juvel Zuluaga no pudo contener las lágrimas.
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Milagro eucarístico en #Bogotá durante una jornada de oración por #Venezuela y #Colombia: la Hostia palpita en plena bendición. pic.twitter.com/bc2moXuRZC
— ES RE VIRAL (@esreviral) August 12, 2024
En un comunicado oficial, la Parroquia San Joaquín señaló que esta jornada especial, dedicada a Venezuela y Colombia, fue recibida como un signo del amor y la presencia divina. «Que esta manifestación nos lleve a valorar más este regalo inmenso del cielo que es la Santa Eucaristía y sirva para reafirmar nuestra fe y continuar reparando», expresó el sacerdote.
El evento, que duró aproximadamente 20 minutos, dejó una profunda impresión en los más de 300 asistentes, quienes fueron testigos de la hostia palpitante. «Que nuestras vidas se consuman como un cirio, siendo apóstoles de la Santa Eucaristía y de la reparación por tantos ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los que a diario él es ofendido», concluyó el padre Zuluaga.
El video del milagro se viralizó rápidamente en redes sociales, con muchos usuarios expresando su gratitud y asombro: «No pude asistir ayer a este Santo Rosario, pero quedé sin palabras. Le pido perdón al Señor por mi insensatez de no creer en su misericordia», «El amor de Dios es incomparable, bendito sea Dios», y «Gracias, padre Juvel, por hacer posible estos lindos rosarios en nuestra parroquia».





