Cuatro días después de que Emmanuel Macron convocara a elecciones anticipadas tras los malos resultados en el Parlamento Europeo, un grupo de partidos se unieron y formaron el Nuevo Frente Popular, una coalición destinada a resucitar el Frente Popular que llegó al poder en 1936 para frenar a la extrema derecha, y que promulgó políticas sociales que incluían semanas laborales de 40 horas y licencias remuneradas para los trabajadores.
La amplia -y potencialmente rebelde– alianza estaba encabezada por Jean-Luc Mélenchon, tres veces candidato presidencial (en 2012, 2017 y 2022, mejorando resultados de cada elección respecto de la anterior) y líder del partido Francia Insumisa. A él se han sumado los socialistas, los comunistas, los Verdes, y la Place Publique, liderada por el popular miembro de la Eurocámara Raphaël Glucksmann.
La estrategia parece haber funcionado. En la primera ronda electoral, el Nuevo Frente Popular quedó en segundo lugar tras Reagrupación Nacional (RN) de la extrema derecha y por delante del actual partido mayoritario del presidente Macron. Y ahora dio el batacazo.
Mélenchon, de 72 años de edad, lleva décadas en la escena política francesa, en las que ha perfeccionando su lírica forma de hablar, mientras abraza sin concesiones las ideas de la izquierda. En el pasado, cuando era miembro del Partido Socialista, ocupó cargos ministeriales en gobiernos anteriores.
De acuerdo a su propia biografía, Mélenchon nació en Tánger, Marruecos, en 1951, y es licenciado en Filosofía y Letras Modernas. Como activista socialista, se convirtió en el senador más joven de Francia en 1986. También es autor de 19 libros, entre los cuales se destaca “La era del pueblo”, donde expone su teoría de la revolución ciudadana. Desde las elecciones de 2017, el principal catalizador para el rápido ascenso de Mélenchon parecen haber sido sus actuaciones en los debates presidenciales, donde se destacó por la combinación de ingenio, conversación fácil y su sencilla forma de hablar. Incluso quienes no están de acuerdo con sus puntos de vista, les gusta ver su desempeño en los debates.
En efecto, Mélenchon es una de las figuras más divisivas de la política francesa, que entusiasma y horroriza a los votantes con sus desenfrenadas propuestas de impuestos y gastos y su retórica sobre la lucha de clases. Por sus posiciones controvertidas en materia de política exterior, especialmente en Gaza, sus críticos lo acusan de antisemitismo, lo que él niega.
Hasta el año 2012, cuando la ola populista aún no había afectado a Europa, Mélenchon era un candidato marginal, pero el paisaje ha cambiado radicalmente desde entonces. Por eso, incluso en un contexto diferente, el candidato se ha hecho popular entre los votantes más jóvenes, se ha destacado en redes sociales y tiene un famoso canal de YouTube. El es un “Viejo Insumiso” reciclado, con inigualable oratoria, admirador de Hugo Chávez Cristina Kirchner y la revolución Bolivariana.
Mélenchon era un senador socialista y trotskista como el ex primer ministro Lionel Jospin. Un verdadero intelectual, que hace de la conversación y la poesía un placer de la vida. Con una abuela andaluza, con un español perfecto, este ex ministro de Educación de la enseñanza superior descubrió el neo populismo chavista y se enamoró de él.
Mélenchon es anti europeo pero diferente a Le Pen. Propone salir de los tratados de Europa para reformarlos. Con la líder lepenista tiene un punto en común: su admiración por el presidente ruso Vladimir Putin. ■
Sus posiciones sobre Gaza le valieron cargos de antisemitismo, que Mélenchon niega.




