Con la presencia de Javier Milei, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, asume su segundo mandato en un acto celebrado en el Palacio Nacional, en el centro histórico del país y a cuya plaza fueron convocados sus simpatizantes.
Bukele, un milenial de 42 años que supo trabajar en publicidad, presta juramento luego de conseguir la reelección con un poder casi absoluto y sin oposición política, con el desafío de mantener la seguridad en el país y lograr la prosperidad económica que prometió durante su campaña.
Este expublicista de ascendencia palestina emprende otro mandato de cinco años tras pulverizar a la oposición y obtener un histórico 85% de votos en las elecciones de febrero, donde también ganó una amplia mayoría en el Congreso obteniendo 54 de los 60 escaños.
Entre quienes asisten a la jura se destaca la asistencia de Milei, con quien Bukele coincide en políticas conservadoras y simpatía hacia el ex presidente estadounidense Donald Trump. También están entre otros el presidente paraguayo Santiago Peña y el rey de España, Felipe VI.
Muy seguro de sí, Bukele se autodefine como un «dictador cool» para burlarse de quienes lo acusan de autoritarismo y de mantener el poder gracias a magistrados afines que interpretaron la ley para permitir su reelección, pese a estar prohibida en la Constitución.

La guerra contra el crimen
Considerado el presidente más popular de América Latina según la ONG Latinobarómetro, Bukele llegó al poder en 2019 prometiendo doblegar a las pandillas, a las que atribuye 120.000 muertes en tres décadas, más que las 75.000 de la guerra civil (1980-1992).
Según él mismo sostiene, bajo su Gobierno El Salvador pasó de ser el país sin conflicto bélico «más peligroso del mundo» al «más seguro del hemisferio occidental».
Pero para ello, El Salvador vive bajo un régimen de excepción que instauró en marzo de 2022 y acumula 80.300 presuntos pandilleros detenidos sin que medie orden judicial.

Human Rights Watch y Aministía Internacional denuncian muertes y torturas, y miles de inocentes entre las 8.000 personas que debieron haber sido liberadas.
Tras arrebatar a las pandillas barrios y calles de casi todo el país, analistas señalan que su reto será la economía, pues la pobreza castiga a casi un tercio de la población.
Control del Congreso
Con un Congreso donde su partido Nuevas Ideas tiene 54 de los 60 escaños, Bukele tiene vía libre para reformar la Constitución, luego de que los diputados aprobaron en abril un mecanismo para acelerar eventuales cambios. Analistas sostienen que podría ir hacia un «esquema dictatorial» y una reelección indefinida.
De cabello engominado y barba recortada, Bukele construyó su imagen a través de las redes sociales, en las que suele escribir en inglés. En X, donde se autodenomina «Philosopher king» (rey filósofo), hace anuncios importantes y se burla de sus críticos.
El desafío de la economía
Tras reducir a mínimos históricos la violencia que azotaba al país por la acción de las pandillas, Bukele debe, según los analistas, enfocarse ahora en los problemas económicos. Es medular que atienda la alta deuda pública y la pobreza, advierten.
«El gobierno tiene mucha tendencia a endeudarse, pero uno no ve con ese endeudamiento una mejoría» en el país, opina el economista César Villalona, quien comentó que «ha perdido peso la producción industrial y agrícola».

Desde 2019, cuando Bukele asumió el poder, la deuda pública aumentó de 19.800 millones a 30.016 millones de dólares, equivalentes al 84% del Producto Interno Bruto (PIB). En ese periodo, la pobreza pasó de 22,8% en 2019 a 27,2% en 2023, todo según datos oficiales.
En 2023 la inversión extranjera directa fue de 759 millones de dólares, frente a los 171 millones de 2022, según cifras oficiales. Pero muchos no sienten el beneficio de las inversiones en megaproyectos en playas o en el sector inmobiliario.
Clarin.-




