Los problemas sexuales tienen una gran repercusión en la salud de las personas y determinadas decisiones médicas y tratamientos crean o interfieren en esos problemas. Sin embargo, la sexualidad sigue siendo un tabú en las consultas: La mayoría de los médicos la consideran algo íntimo, no vinculado a la salud del paciente.
Lo enfatiza el psiquiatra Ángel Luis Montejo, creador y director científico de la Asociación Española de Sexualidad y Salud Mental, que cada año organiza un congreso dirigido fundamentalmente a médicos de atención primaria y a psiquiatras para convencerlos de que, igual que preguntan a sus pacientes por su alimentación o hábitos de sueño, deben preguntarles por su vida sexual, sobre todo antes de prescribirles determinados fármacos, como los antidepresivos.
Montejo advierte que de ello puede depender la vida en pareja de ese paciente, su salud emocional e, incluso, su vida o la de otras personas.
El especialista sostiene que «Tuve un paciente en consulta que había intentado suicidarse, y resultó que quería morirse porque pensaba que su esposa ya no lo quería, porque veía que nunca quería tener sexo con él y cuando tenían relaciones no disfrutaba; y lo que ocurría era que su mujer estaba en tratamiento por depresión. Por eso es muy importante que quienes prescriben antidepresivos investiguen sobre la vida sexual del paciente antes y después del tratamiento».
Por eso la vida sexual de los pacientes debe dejar de ser tabú y los médicos deben preguntar antes y después de cualquier tratamiento si están satisfechos con ella. Porque no son solo los antidepresivos; también los antipsicóticos y fármacos para la hipertensión o para el infarto elevan el riesgo de disfunción sexual, y si preguntaste antes y después de recetarlos sobre la vida sexual del paciente, sin ser intrusivo te das cuenta de si el tratamiento le causa problemas a esa persona y puedes buscar alternativas.




