La tarde del 17 de agosto de 2016, Patrick Nogueira envío mensajes por WhatsApp a su amigo Marvin. Acababa de cometer un triple crimen y se aprestaba a cometer otro. Sólo tenía que esperar en el porche de la casa a que llegara la víctima.
Patrick se llama en realidad François Patrick Nogueira Gouveia, tiene 19 años, era aspirante a futbolista profesional y esa mañana salió del departamento que alquiló hace poco en Alcalá de Henares y viajó en ómnibus hasta Pioz, a la casa de sus tíos Marcos Campos y Janaína Santos, de 40 y 39 años.
Llegó poco antes de mediodía y Janaína lo invitó a comer mientras los hijos del matrimonio, Carolina de tres años y David de uno – los sobrinos de Patrick -, jugaban en el living. Marcos estaba en el trabajo.
Después del almuerzo, mientras Janaína lavaba los platos, Patrick se levantó de la mesa, se le acercó por detrás y la apuñaló en el cuello. La mujer murió sobre el piso de la cocina, empapándose con chorro de sangre de la carótida.
Mientras la mujer agonizaba, Patrick fue hasta el living y degolló también a los dos chicos. Parado en el medio de la sala, se sacó la camisa empapada con la sangre de los tres, tomó fotos de los cuerpos y se sacó una selfie de su torso ensangrentado. También grabó una recorrida por la casa, mostrando los cuerpos.
Descansó un momento en el sillón, solo el suficiente para enviar unos mensajes con su teléfono, y puso manos a la obra. No tenía tiempo que perder. Uno por uno fue descuartizando los cadáveres y metió los trozos en bolsas de residuos, que dejó ocultas en un rincón. Después limpió los pisos de la cocina y del living para borrar, aunque apenas parcialmente, los rastros de sangre.
No sabía todavía dónde ni cómo asesinaría a su tío cuando llegara, pero no quería que viera algo que lo pusiera alerta. Cuando terminó, salió al porche, sacó las fotos del frente del chalet, y mantuvo la conversación por WhatsApp con su amigo Marvin Henríquez.
La espera se le hizo larga, hasta que el tío Marcos llegó alrededor de las nueve de la noche. El hombre entró desprevenido a la casa – en Pioz nadie cerraba las puertas con llave – y se topó con Patrick, que no necesitó luchar para degollarlo.
Repitió el trabajo que había hecho con sus otras víctimas: descuartizó el cadáver, metió los trozos en bolsas de residuos y las puso junto a las otras. Volvió a limpiar el piso y sacó más fotos.
Cuando terminó estaba agotado. Fue hasta el baño, se desnudó, se bañó largamente y se fue a dormir con el cuerpo limpio.
La mañana siguiente salió temprano de la casa, cerró la puerta con llave, y caminó hasta la parada del ómnibus que lo llevó de regreso a Alcalá de Henares.
Días después, Patrick reformateó su teléfono para borrar todo rastro de las fotos y de los mensajes. Ni se le ocurrió pensar que con eso no bastaría si el teléfono era analizado por peritos, ni tampoco que su amigo Marvin y otra amiga brasileña guardarían sus comunicaciones. Por eso no les pidió que hicieran lo mismo.
Las autoridades trataron de recrear cómo había sucedido todo. Indicaron que Nogueira habría cometido el asesinato de sus tíos y primos de forma “secuencial”, es decir, el sospechoso no se enfrentó a todos los miembros de la familia a la vez porque uno de ellos, el padre, no estaba en casa.
La frase que quedó retumbando en la sala de audiencias fue otra, la de un mensaje que Patrick le envío a su amigo Marvin la noche del cuádruple crimen y fue leída durante el alegato de la acusación: “Solo huelo a sangre, y eso que me he duchado”, decía.
Con información de Infobae




