Carlos Iván Suárez.- Los sueños y la vida de la joven venezolana víctima de violación, ahora quedarán marcados por un aberrado sexual que abusó de ella. Sus días no serán iguales, ahora sólo espera que Irineo Humberto Garzón Martínez, de 35 años de edad, pague por lo que hizo. Su petición: justicia.
En una larga entrevista en exclusiva con ES RE VIRAL, único medio para el que ha ofrecido declaraciones, la joven se mostró tal cual como es: una niña inocente que anhela estudiar en la universidad, que pasa tiempo con sus hermanos y disfruta ver televisión con ellos.
Acostada en un sillón, tapada con una sábana y bajo una luz tenue estaba la joven. Quiso contar lo que le pasó, se le insistió en que no sería necesario pero «tengo que hacerlo para que muchas otras chicas que hayan pasado por eso también den la cara», fue lo que dijo.
María, nombre ficticio que se usará para esta nota, llegó a Argentina hace poco más de dos años, huyendo de la crisis que se vive en Venezuela. su madre y sus dos pequeños hermanos fueron sus compañeros de viaje porque su papá ya se encontraba en el país desde hacía un tiempo.
Risueña y algo tímida, hoy vive la peor experiencia de su vida por culpa de este sujeto que la tomó a la fuerzas pero eso no aminora los anhelos de esta joven de 18 años de edad, quien quiere estudiar Informática.
«Me gustan las computadoras, mi papá siempre en la casa arreglaba televisores y electrodomésticos en general. Cuando iba a hacer algo de eso me llamaba para que lo ayudara, así poco a poco lo veía, iba aprendiendo y le fui agarrando amor al arte, y la verdad se lo debo a él», cuenta con una sonrisa dibujada en el rostro y ojos brillantes.
Cuando llegaron al país sureño, María recién se había graduado de bachiller. «Traté de entrar a la Universidad de La matanza pero me daban muy poco tiempo para las apostillas y no me daba chance», ya que este tipo de procesos en Venezuela toma un largo tiempo.
Ahora buscará ingresar en la Universidad de Buenos Aires (UBA) donde le informaron que posiblemente le den un cupo mientras le llegan las apostillas.

María y su familia viven en la provincia de Morón pero desde el pasado 11 de enero, se mudaron a un monoambiente en la Ciudad de Buenos Aires, donde tienen internado al papá por un ACV que sufrió. Casi hacinados se encuentran en el lugar pero que ha sido el refugio para estar cerca del señor quien se recupera lentamente.
Y es que, debido a esta situación, ella tuvo que buscar trabajo para ayudar a mantener a sus hermanos, puesto que sus progenitores no pueden trabajar por ahora.
Desde niña, ella ha sido amante de ver películas y series, es un pasatiempo que disfruta hacerlo con sus hermanos, quienes junto a ella se sientan y se abrazan como si el mundo se fuese a detener, mientras observan El Dragón, la serie mexicana.
Desde Venezuela, tiene una relación de años con su novio, quien estaba exiliado en Perú y luego se vino a Argentina, donde siguen juntos.
«Me ha apoyado muchísimo, le agradezco mucho porque cuando estaba en el hospital que desperté al lado de mi hermana, pensé cómo iba a reaccionar, si iba a ser igual o iba a cambiar, pero me ha dado un apoyo, increíble porque me entendió y me entiende tanto… que le agradezco muchísimo», manifestó la joven.
Al ser consultada por sus creencias, no duda ni por un segundo en responder que se aferra a la fe en Dios, «siempre pongo todo en sus manos y eso me ha fortalecido mucho en este proceso».
Los días de María ahora son distintos, vive con un gran temor, no quiere salir de su casa porque Garzón Martínez tiene sus datos en su hoja de vida, no goza de una protección policial y además teme por su madre, quien ha sido un gran pilar en todo este proceso y quien le ha dado la fortaleza que requiere para mantenerse en pie de lucha.
Frases de una víctima a quienes están en situación similar:
«Sean fuertes, hablen, no se queden calladas porque es lo peor que pueden hacer en esta situación»
«Hay que compartir ese dolor porque es muy fuerte tenerlo y ver que nadie hace nada»
«Tienen que denunciar siempre»



